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martes, 9 de febrero de 2016

Los muertos viajan deprisa




Aparece la nueva entrega de Nieves Abarca y Vicente Garrido. Después de Crímenes exquisitos, Martiryum y El hombre de la máscara de espejos, llega a mis manos, recién salida del horno, Los muertos viajan deprisa, la última aventura de la inspectora de la Policía Nacional de A Coruña, Valentina Negro, y del criminólogo levantino, Javier Sanjuán.

La primera sensación que me produce una vez leída es que por mucho que se repitan situaciones, actos y personajes al leer este nuevo libro tienes la sensación de que estás ante algo absolutamente nuevo y original porque Nieves Abarca y Vicente Garrido tienen la maestría de inventar y de reinventar de manera prodigiosa.

Los muertos viajan deprisa tiene un comienzo brutal y de una potencia tal que te atrapa de tal forma que ya no te dejará hasta que hayas cerrado la contraportada de la novela con dos historias que se simultanean y se entrecruzan sin descanso, una en la que volveremos a ver al Peluquero que fue detenido por Valentina Negro en el prólogo de Crímenes exquisitos y que sirvió de tarjeta de visita para que la inspectora entrará en nuestras vidas como un torbellino, y otra en la que asistimos a un truculento y despiadado asesinato, descrito y narrado de forma impactante, que se produce en el Tren Negro que se dirige, lleno de escritores, rumbo a la Semana Negra de Gijón.

Después se va a producir un salto hacia delante de unos meses para encontrarnos en A Coruña que se prepara para la celebración de su primera Semana Negra y tanto el hotel como la ciudad está repleta de los mejores autores nacionales del género negro y policial, además de lectores, editores, críticos literarios y blogueros que están expectantes por asistir a sus diferentes actos, talleres literarios, presentaciones, conferencias, comidas y cenas y la entrega del premio a la mejor novela que parece que irremediablemente recaerá en una obra de un misterioso escritor que firma con seudónimo y que nadie conoce. Un nuevo crimen tiene lugar el día precedente a la inauguración oficial de los actos, por supuesto con la puesta en escena made in de la casa, y entran en escena Valentina Negro y sus compañeros, así como Javier Sanjuán que ha asistido invitado por la Comisaria de la Semana Negra, cuando el cadáver es encontrado por, no puede ser de otra manera, la perspicaz y ambiciosa periodista de sucesos de un periódico local y ya vieja conocida nuestra, Lúa Castro.

Nada nuevo bajo el sol y, sin embargo, todo con un sabor muy grato a nuevo y original, Los muertos viajan deprisa dan un paso más que sus antecesoras que la precedieron y resulta menos truculenta y gótica que ellas, aunque por supuesto no pueden faltar esas escenas y sigue introduciendo grandes dosis de humor, sangre, crímenes y sexo explícito que han enganchado a tantos y tantos lectores desde el principio entre los que confieso que me cuento.

 Voy a considerar a Los muertos viajan deprisa como una novela negra de amor donde Nieves Abarca y Vicente Garrido dan un toque más humano a los asesinos y a los demás personajes mientras se introducen en su lado más oscuro que llevan muy dentro de ellos mismos y los describen como personas inermes y desvalidas, tanto en los criminales como en el prófugo violador de niñas adolescentes y a unos escritores en su mayoría mediocres, arribistas y henchidos de egoísmo y acosados por sus fantasmas.

Se percibe muy claramente en la lectura de Los muertos viajan deprisa el perfeccionismo que persiguen Nieves Abarca y Vicente Garrido, sacando al ruedo a personajes de sus anteriores novelas e introduciendo a otros nuevos fascinantes para que nos percatemos también de las dudas y tensiones de la pareja ya mítica. Valentina Negro tiene una personalidad en la que se mezcla la furia y el control con un lado oscuro y otro de pureza que empieza a plantearse su relación íntima con Javier Sanjuán, que se siente muy incómodo con sus indecisiones ante esta relación intermitente que mantiene con Valentina separado de ella por tantos kilómetros. Por otra parte, vemos, por ejemplo, a una de las escritoras, Estela Brown, que sueña desde niña a llegar a ser una gran figura de la literatura teniendo muy claro que las aventuras que quiere plasmar en el papel deben de ser más gritos desde el interior de su convulsa alma que acontecimientos externos estruendosos o efectistas. Las situaciones que plantean los dos autores crean diferentes dudas en el lector que se va formando según avanza en la lectura su propia opinión, creando un buen libro lleno de situaciones interesantes con una carga de profundidad interior psicológica para ir descubriendo las motivaciones de los diferentes personajes para cometer los actos que realizan, unido a la buena escritura que rezuma en sus páginas. Esta unión perfecta de introducir los aspectos humanos del monstruo asesino con unos personajes protagonistas que inventan historia criminales y que se convierten en víctimas de crueles asesinatos que no pasaron nunca por sus cabezas nos descubre una novela emocional y emocionante de gran realismo que sabe conseguir el desconcierto y el desasosiego en el lector que descubre atónito sentimientos de envidia y codicia, mezclados con los de amor que coexisten con el espanto de los crímenes dentro de un libro que nos introduce en el variopinto e intrincado mundo de los que se dedican profesionalmente a escribir de una forma muy novedosa.

Los muertos viajan deprisa tiene un inicio muy trepidante y potente para entrar en una posterior parte más psicológica y pausada, desembocando, pese a que se sepa la identidad del asesino cuando aún restan bastantes páginas, en un final de nuevo frenético dentro de un perfecto ritmo al que se debe estar muy atento para no saltarse las claves de la historia que está escrita con una narrativa y un estilo muy atractivos e interesantes, llena de situaciones muy entretenidas y de escenarios brillantes que salpican la trama de forma magistral.

Los muertos viajan deprisa es una novela ágil y avasalladora que cautiva y fascina desde su primer párrafo hasta el final sin renunciar en ningún momento a la calidad literaria a la que ya nos tienen acostumbrados Nieves Abarca y Vicente Garrido que, al igual que hacen con sus muertos, nos hacen viajar a los lectores muy deprisa por sus páginas que vuelan entre nuestras manos.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

martes, 14 de octubre de 2014

El hombre de la máscara de espejos





Finalicé hace unos días la tercera entrega de Nieves Abarca y Vicente Garrido, El hombre de la máscara de espejos, y he necesitado, antes de precipitarme a escribir la reseña, pensar y madurar sobre la historia.

Ha sido éste un final de verano en el que me he sumergido en el mundo oscuro y gótico que han creado para el goce de sus lectores estos autores en las tres novelas publicadas hasta ahora con dos de los personajes más fascinantes y logrados de los últimos tiempos, como son Valentina Negro y Javier Sanjuán, acompañados de una troupe de secundarios que no se les quedan en ningún momento a la zaga y que terminan por resultar imprescindibles en las historias que en ellas se narran.

Han pasado unos meses desde el final de Martyrium y la inspectora Valentina Negro se enfrenta al caso de un pedófilo en La Coruña al que consigue arrestar, aunque el método utilizado no sea de lo más ortodoxo posible, lo que la aboca a una denuncia por parte del abogado del criminal que es motivo de que se le abra una investigación en Asuntos Internos. Pero su jefe, mientras dura esa investigación, la envía  a que se entreviste con un psicólogo por el trauma recibido en el final de la segunda novela en la que estuvo a punto de morir y le encarga la investigación de un antiguo caso que se haya en vía muerta para que lo reactive y encuentre a una mujer desaparecida. Y la inspectora Negro lo reactiva de tal manera que descubre una oscura y vil trama de realización y venta de película snuff con la inestimable ayuda y colaboración del criminólogo Javier Sanjuán.

En El hombre de la máscara de espejos, Nieves Abarca y Vicente Garrido cambian el registro. Los crímenes ya no recrean pinturas, esculturas u obras literarias. Ahora el protagonismo de las perfomances criminales lo tiene el cine mudo expresionista alemán, perfectamente ambientadas con diversos objetos de coleccionista que están siendo robados. Tampoco está ya El Artista aunque su larga sombra sobrevuela todo el relato.

Pero lo que no cambia el registro es en el ritmo frenético, crímenes horripilantes, escenas terroríficas, acción sin freno, arte por doquier, sexo llevado al límite, escenarios espectaculares, violencia macabra y desasosegante, en un ambiente de novela gótica y negra, muy negra, en la en tiempos actuales que nos recuerdan a esos personajes del mencionado cine expresionista alemán como son Mabuse, Caligari o Nosferatu que parecen volver a reencarnarse en las páginas de este fascinante libro mientras pasean por ellas.

Pero lo que si se nota es que en esta novela, los personajes han evolucionado. Ahora yo los siento mucho más humanos. Su dibujo se hace mucho más preciso y ganan en maestría al descubrirnos unos sentimientos que nos acercan a ellos mucho más. Hasta Valentina Negro se nos aparece ante nuestros ojos cuando en esa escena en la que pierde su larga melena oscura se nos descubre como el vivo retrato de la actriz protagonista de La caja de Pandora, Louise Brooks.



No voy a caer en si El hombre de la máscara de espejos es el mejor de los tres libros o no. Yo lo encuentro mucho más maduro, cercano y que ha ganado en realismo que los dos anteriores, pero tanto Crímenes exquisitos como Martyrium son de lectura imprescindible para poder observar la evolución de estos increíbles personajes, recomendando que sean leídos por su orden para no perderse ni un solo momento de un guión muy trabajado y perfectamente escrito. Porque son tres novelas muy grandes, y no me estoy refiriendo solamente a su número de páginas. Es increíble la labor de documentación de Nieves Abarca y de Vicente Garrido. Confieso que he disfrutado grandemente con esos escenarios por ellos elegidos que me han forzado a navegar una y otra vez por Internet para visualizar los lugares, obras de arte y resto de objetos que aparecen en las tres novelas, recorriendo La Coruña, Jávea, Ponferrada, Londres, Roma, Madrid, Edimburgo o Betanzos con nuevos ojos.


Otro ejercicio que nos demuestra que estamos ante un ejercicio de muy buena literatura es la utilización de una serie de subtramas perfectas e igualmente apasionantes, que hacen pensar al lector por donde van a poder salir los autores, aunque, por supuesto, consiguen encajar de forma precisa cual maquinaria de reloj suiza.

Dice la publicidad de El hombre de la máscara de espejos en su campaña de marketing: "Sabes que no deberías leerla, sabes que no debería gustarte". Como frase publicitaria es redonda y ya te incita a hacerlo, pero en realidad, amigo lector, sabes que es necesario que la leas porque quedarás enganchado y fascinado con este mundo tenebroso con el que nos regalan Nieves Abarca y Vicente Garrido que, por lo que leí hace unos días, afortunadamente,  se han puesto manos a la obra en la creación de la cuarta novela. Y es que Valentina Negro y Javier Sanjuán son peligrosamente adictivos y los que nos encontramos ya tan enganchados a sus avatares no podemos ya vivir sin ellos.

Como bien nos dicen Nieves Abarca y Vicente Garrido, "por lo general los depredadores viven entre nosotros sin levantar sospechas, mientras experimentan sus fantasías y sus perversiones con las víctimas seleccionadas". Todos podemos ser candidatos de esa selección. Inquietante.




©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

lunes, 6 de octubre de 2014

Martyrium


Omnia vincit amor et nos cedamus amor (El amor todo lo vence, cedamos nosotros al amor) hasta que todo cambia y empieza el martyrium que nos da paso al purgatorium para llegar al infernum, al aparecer en escena El Artista, el genial psicópata, creado por Vicente Garrido y Nieves Abarca, en esta segunda aventura suya titulada Martyrium.


Los caminos de Valentina Negro y Javier Sanjuán volverán a cruzarse en la Ciudad Eterna. Cuando la magistrada Rebeca de Palacios recibe un extraño correo enviado por un desconocido, todo su mundo se tambalea: su hija Marta, una joven estudiante de arte dramático, ha sido secuestrada en Roma, y Rebeca ha de declarar inocente al hombre al que dentro de poco va a juzgar, o Marta morirá. La inspectora de la Policía Nacional Valentina Negro, amiga de la infancia de la magistrada, se ve obligada a ir a la capital italiana en una misión personal para liberar a Marta. Pero en Roma no sólo hay un secuestrador. También hay un asesino apodado “El Monstruo de Roma”, que ha conmocionado la ciudad durante los helados carnavales.

Mientras Valentina está en Roma, el criminólogo Javier Sanjuán acude también a la capital italiana invitado por Alejandro Marforio, el millonario hermano de una de las supuestas víctimas de “El Monstruo” para que ayude a capturar al asesino se forma extraoficial. Sanjuán descubrirá que “El Monstruo” no esta solo en sus crímenes, y que parte de la respuesta se encuentra en el Vaticano.

Escribir una novela negra tiene, a mi parecer, que ser muy difícil y complicado para no caer en el riesgo constante de precipitarse en la astracanada, en el psicópata listísimo y malísimo que va dejando mensajes por doquier o en convertir la historia que se narra en el libro en una teleserie o en una tortura gore. En Martyrium, continuación  de la muy leída Crímenes exquisitos, nos volvemos a encontrar con los personajes que quedaron vivos. El Artista ha logrado huir y se refugia en Roma con otra identidad. Pedro Mendiluce está en la cárcel en espera de juicio. Lúa Castro ha publicado un libro que ha sido un gran éxito de ventas. Y Valentina Negro y Javier Sanjuán continúan con sus vidas en sus respectivas ciudades añorándose pero sin dar ese paso que les haga estar juntos.

La novela negra para que sea buena, tiene que basar su naturaleza esencial en los personajes y no exclusivamente en la técnica policial, y siempre combinando ambos aspectos.

A los personajes creados por Vicente Garrido y Nieves Abarca se les nota que son humanos y que reaccionan como tal, lo cual es muy difícil de conseguir en este género literario, lo que les acerca mucho a los lectores que en todo momento se sentirán identificados con problemas que les pueden afectar a ellos también.

El principio de la novela está lleno de flashes llenos de violencia y escenas de sexo llevadas al límite que pasan por los ojos del lector a ritmo vertiginoso, sin tregua, que van poniendo las líneas maestras de la historia que se narra. Una historia llena de otras historias que se van multiplicando y que hace pensar en cómo van a poder los autores resolver en un final homogéneo. Pero lo consiguen. ¡Vaya si lo consiguen! Al final todas las piezas del puzzle encajan a la perfección de forma maestra en esta novela escrita con un ritmo muy ágil de guión cinematográfico y muy bien narrada con una trama novedosa y, ala vez, tradicional en este tipo de libros.

Y es novedosa por muchos aspectos aunque a mi el que más me ha llamado la atención es que Valentina Negro y Javier Sanjuán no hacen acto de presencia hasta muy avanzada la novela y no se encuentran hasta el final de ella sin que dejen de ser en ningún momento, junto con El Artista, que en Roma la policía le llama Il Mostro, los verdaderos protagonistas como queda claro en los dos epílogos.

Recorremos junto a ellos la helada Roma de febrero de 2012 en plenos carnavales que llenan sus calles nevadas de máscaras y disfraces aparte de crímenes horrendos que ahora ya no son perfomances de pinturas u obras literarias como en Crímenes exquisitos, sino de escenas religiosas basadas en esculturas de Bernini o Maderno que muestran la obsesión del asesino por la belleza eternamente paralizada en una obra de arte.

Una gran novela, la segunda gran novela, de Vicente Garrido y Nieves Abarca que nos deja al final con deseos incontenibles de leer la tercera, El hombre de la máscara de espejos, de muy reciente publicación para poder desentrañar los misterios de este ser atormentado que es El Artista y de Valentina Negro y Javier Sanjuán que definitivamente me han enganchado. Corro a la lectura de esta tercera entrega. ¿Qué novedades nos deparará? ¿Qué sorpresas se esconderán en sus páginas? La respuesta en unos días.


©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

lunes, 15 de septiembre de 2014

Crímenes exquisitos




En el escenario de la novela negra o policíaca española, aparece una nueva pareja, Valentina Negro y Javier Sanjuán, protagonistas de Crímenes exquisitos de Vicente Garrido y Nieves Abarca.


Para empezar, tengo que confesar que tenía pendiente este libro desde hacía bastante tiempo, pero siempre me echaba atrás ante su grosor de ochocientas páginas de letra pequeña y apretada. Craso error el mío.
Otro aspecto que lo fuera atrasando en comenzar su lectura era el estar escrito por dos personas. Segundo craso error el mío.

El caso es que este verano por fin me decidí. Y fue abrir el libro y empezar a leer su prólogo para tener la sensación esa tan agradable de que no puedes dejar de leer y de que te has enganchado a la historia totalmente, gracias al ritmo tan ágil que utilizan los autores.

Dos jóvenes aparecen muertas en dos ciudades diferentes: Lidia Naveira en La Coruña y Patricia Janz en Londres, Los escenarios donde aparecen sus cuerpos recuerdan pasajes artísticos. El cuadro de Ofelia de Millais en la ciudad gallega, y la muerte de Lucy en Drácula de Bram Stoker en la capital inglesa. Y ahí da comienzo la vorágine que te deja sin aliento y que te hace devorar las páginas sin descanso, descubriendo un mundo oscuro de maldad, sexo, sadomasoquismo y corrupción, absolutamente original en el mundo literario español que te deja el cuerpo en un total desasosiego.



En Crímenes exquisitos vamos a conocer, como ya he dicho, a la inspectora de la Policía Nacional de La Coruña Valentina Negro y al criminólogo valenciano Javier Sanjuán. Ella es joven, atractiva y muy trabajadora, aunque en su vida personal los demonios la acechan. Él es famoso y muy conocido. Ambos forman una pareja explosiva capaz de desentrañar los misterios y enigmas que corren por las páginas por las que desfilan asesinos en serie, redes de trata de blancas y prostitución, expolios fruto de la corrupción, sexo en batería, drogas, organizaciones secretas, periodistas sin escrúpulos, buenos hasta cierto punto, malos malísimos... que se suceden sin descanso en los ochenta y dos capítulos, prólogo y epílogo de la novela, dentro de una espiral enloquecida que no da tregua al lector que va descubriendo asombrado los continuos giros y sorpresas que le va deparando la historia. la cual se va deslizando de forma macabra y absolutamente genial hacia un final espeluznante.


He tenido mucha curiosidad por saber qué parte de la novela está escrita por Nieves Abarca y cuál por Vicente Garrido y me ha sido imposible. Doble mérito, ya que la línea argumental es totalmente homogénea, no pareciendo estar escrita por dos personas, máxime cuando trabajan separadas por tantos kilómetros de distancia la una de el otro.

Libro absolutamente recomendable que no dejará a nadie indiferente. Me relamo de gusto ante la segunda aventura de Valentina Negro y Javier Sanjuán, Martyrium, que ya se haya en mi poder, y esperando la publicación de la siguiente, El hombre de la máscara de espejos, que nos tienen prometido para dentro de muy poco.

Querido lector, no cometas el error que yo cometí. No te de miedo el grosor del volumen. Corre a leer Crímenes exquisitos y disfruta. Ahora pienso que por qué no tenía muchas más páginas.



©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega