lunes, 6 de octubre de 2014

Martyrium


Omnia vincit amor et nos cedamus amor (El amor todo lo vence, cedamos nosotros al amor) hasta que todo cambia y empieza el martyrium que nos da paso al purgatorium para llegar al infernum, al aparecer en escena El Artista, el genial psicópata, creado por Vicente Garrido y Nieves Abarca, en esta segunda aventura suya titulada Martyrium.
Los caminos de Valentina Negro y Javier Sanjuán volverán a cruzarse en la Ciudad Eterna. Cuando la magistrada Rebeca de Palacios recibe un extraño correo enviado por un desconocido, todo su mundo se tambalea: su hija Marta, una joven estudiante de arte dramático, ha sido secuestrada en Roma, y Rebeca ha de declarar inocente al hombre al que dentro de poco va a juzgar, o Marta morirá. La inspectora de la Policía Nacional Valentina Negro, amiga de la infancia de la magistrada, se ve obligada a ir a la capital italiana en una misión personal para liberar a Marta. Pero en Roma no sólo hay un secuestrador. También hay un asesino apodado “El Monstruo de Roma”, que ha conmocionado la ciudad durante los helados carnavales.
Mientras Valentina está en Roma, el criminólogo Javier Sanjuán acude también a la capital italiana invitado por Alejandro Marforio, el millonario hermano de una de las supuestas víctimas de “El Monstruo” para que ayude a capturar al asesino se forma extraoficial. Sanjuán descubrirá que “El Monstruo” no esta solo en sus crímenes, y que parte de la respuesta se encuentra en el Vaticano.
Escribir una novela negra tiene, a mi parecer, que ser muy difícil y complicado para no caer en el riesgo constante de precipitarse en la astracanada, en el psicópata listísimo y malísimo que va dejando mensajes por doquier o en convertir la historia que se narra en el libro en una teleserie o en una tortura gore. En Martyrium, continuación  de la muy leída Crímenes exquisitos, nos volvemos a encontrar con los personajes que quedaron vivos. El Artista ha logrado huir y se refugia en Roma con otra identidad. Pedro Mendiluce está en la cárcel en espera de juicio. Lúa Castro ha publicado un libro que ha sido un gran éxito de ventas. Y Valentina Negro y Javier Sanjuán continúan con sus vidas en sus respectivas ciudades añorándose pero sin dar ese paso que les haga estar juntos.
La novela negra para que sea buena, tiene que basar su naturaleza esencial en los personajes y no exclusivamente en la técnica policial, y siempre combinando ambos aspectos.
A los personajes creados por Vicente Garrido y Nieves Abarca se les nota que son humanos y que reaccionan como tal, lo cual es muy difícil de conseguir en este género literario, lo que les acerca mucho a los lectores que en todo momento se sentirán identificados con problemas que les pueden afectar a ellos también.
El principio de la novela está lleno de flashes llenos de violencia y escenas de sexo llevadas al límite que pasan por los ojos del lector a ritmo vertiginoso, sin tregua, que van poniendo las líneas maestras de la historia que se narra. Una historia llena de otras historias que se van multiplicando y que hace pensar en cómo van a poder los autores resolver en un final homogéneo. Pero lo consiguen. ¡Vaya si lo consiguen! Al final todas las piezas del puzzle encajan a la perfección de forma maestra en esta novela escrita con un ritmo muy ágil de guión cinematográfico y muy bien narrada con una trama novedosa y, ala vez, tradicional en este tipo de libros.
Y es novedosa por muchos aspectos aunque a mi el que más me ha llamado la atención es que Valentina Negro y Javier Sanjuán no hacen acto de presencia hasta muy avanzada la novela y no se encuentran hasta el final de ella sin que dejen de ser en ningún momento, junto con El Artista, que en Roma la policía le llama Il Mostro, los verdaderos protagonistas como queda claro en los dos epílogos.
Recorremos junto a ellos la helada Roma de febrero de 2012 en plenos carnavales que llenan sus calles nevadas de máscaras y disfraces aparte de crímenes horrendos que ahora ya no son perfomances de pinturas u obras literarias como en Crímenes exquisitos, sino de escenas religiosas basadas en esculturas de Bernini o Maderno que muestran la obsesión del asesino por la belleza eternamente paralizada en una obra de arte.
Una gran novela, la segunda gran novela, de Vicente Garrido y Nieves Abarca que nos deja al final con deseos incontenibles de leer la tercera, El hombre de la máscara de espejos, de muy reciente publicación para poder desentrañar los misterios de este ser atormentado que es El Artista y de Valentina Negro y Javier Sanjuán que definitivamente me han enganchado. Corro a la lectura de esta tercera entrega. ¿Qué novedades nos deparará? ¿Qué sorpresas se esconderán en sus páginas? La respuesta en unos días.



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