lunes, 23 de mayo de 2022

Sinántropos

   


 

    Sinántropos, de Carlos Bassas del Rey, es la historia de un viaje para salir del infierno y llegar al averno más cruel para regresar de nuevo y quemarse en las llamas que siempre están reservadas para los que no tienen nada, esos seres que tienen que ser sinántropos, especies vivas que son capaces de adaptarse a ecosistemas urbanos para poder sobrevivir, putos parásitos como las ratas, las palomas o las cucarachas que se alimentan de las sobras de otros, esos que viven y sobreviven como pueden en un barrio de mierda en el que han nacido ya condenados. Pueden intentar luchar para salir de esa vida sin futuro, pero sólo conseguirán darse de bruces contra su destino.

    Sinántropos es un barrio habitado por seres extenuados de rostros cadavéricos con expresión abatida, de derrotados a los que les ha sido arrebatado todo, de seres que ya están muertos en vida. Pobres ilusos que caminan por sus calles como muertos vivientes y que arrastran su miseria congénita porque han sido desposeídos íntegramente de todo lo que un ser humano necesita para vivir.

    Se puede decir que la novela es la historia de un fracaso, pero al poco de ir avanzando en su lectura vamos a descubrir que todos sus personajes son el fracaso mismo por lo que lo mejor es apagarse, dejar de sentir, porque la alternativa es cometer el peor de los pecados, ser una puta rata, aunque ellos no quieran ser una rata de mierda por mucho que sean almas insignificantes que mantengan un cadáver que va de aquí para allá, hombres y mujeres intercambiables, prescindibles para los poderosos de los barrios ricos.

    Corto, el protagonista, regresa al barrio después de diez años porque piensa que el barrio le debe todo y ha vuelto para cobrárselo después de haber intentado huir de su podredumbre para meterse en la vida de los opulentos y descubrir que simplemente ha sido un juguete y un capricho en las manos de estos. Pero, uno no puede dejar de ser quien es. Como mucho solamente puede ocultarse por un tiempo, pese a que su verdadera naturaleza sea como la mierda que siempre sale a flote.

    Corto odia y piensa que tiene que estar donde debe estar que, finalmente, es donde quiere estar. Corto tiene un trabajo que realizar. Tiene un trabajo que realizar. Tiene que vengarse y también tiene que pedir perdón para que todo regrese al principio, porque no hay peor castigo que no poder decir adiós ni existe peor condena de no poder pedir perdón.

    Carlos Bassas del Rey pinta con absoluta belleza todo lo horrendo, feo y repulsivo de la sociedad. Ha vuelto, de nuevo, a acertar y sólo nos queda, otra vez, que caer rendidos ante la forma en que este hombre escribe. Sinántropos se convierte en una obra absolutamente imprescindible.