lunes, 20 de marzo de 2017

Al pie de la letra. Microrrelatos de la A a la Z



Leo y releo el precioso libro de Atilano Sevillano, Al pie de la letra. Microrrelatos de la A a la Z, y mi mente vuela muchos años hacia atrás en donde siempre recuerdo haber estado entre libros y lecturas. Recuerdo estar sentado en las rodillas de mi abuelo que me leía tebeos del Pulgarcito y del Tiovivo cuando aún no sabía leer. Recuerdo esos cuentos troquelados qué traía mi padre de sus viajes y a los que cambiaba el nombre de los niños protagonistas por los de mi hermana y el mío. Recuerdo mi Primera Comunión con ese misal de tapas nacaradas y cierre dorado porque tenía forma de libro, pero el mejor regalo que recibí ese día fue esa edición de bolsillo de Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. Recuerdo esa Feria del Libro Madrid en el parque del Retiro donde mis padres me regalaron el primer Tintín que fue después aumentado hasta completar toda la colección. Recuerdo como iba ilusionado a cambiar los comics de los héroes de Marvel a esa pequeña tienda llena de revistas y golosinas. Recuerdo esos libros de aventuras ilustrados de Bruguera que me embebía. Recuerdo ese profesor de matemáticas que me dijo que además de la colección Austral empezara a leer a los estructuralistas. Y recuerdo ese final de año de 1973 cuando una mañana me metí en una librería de la calle del Arenal y me compré mi primer libro con mi propina y que parece que lo estoy viendo como si lo tuviera delante de mis ojos. Se titulaba Helo aquí que viene saltando por las montañas y lo escribió Jerzy Adrjezewsky. Recuerdo esa mañana imposible de olvidar de ese primer libro comprado. Después ya vino Cien años de soledad y, posteriormente, toda la obra completa de Gabriel García Márquez para quedar de manera definitiva a la pasión por la lectura.

Jerzy Adrjezewsky, el que inauguró mi primera biblioteca propia, es uno de esos narradores dotados del ángel, que podrían escribir cualquier cosa con liviandad, seduciendo perversamente a los lectores, volviéndolo niños embobados con cada gota del agua de su prosa. Y desde esa mañana descubrí que un libro es como un tesoro y la magia de sus palabras sirven para vencer una enfermedad desconocida.

Y ahora mismo me encuentro con que Atilano Sevillano es otro de esos narradores que te seducen en los ciento veinte microrrelatos que componen Al pie de la letra donde se demuestra que con muy pocas palabras se consigue la magia. Soledad, humor, invención de animales fantásticos a modo de bestiario, amor, recuerdos de lo perdido, sueños, crisis, diccionario de voces antiguas y olvidadas para regenerar el lenguaje, pizarras en la escuela de color verde, bolígrafos que emborronaban el papel, corbatas y pajaritas de nudo hecho con una goma elástica que se ajustaba al cuello, el intento ineficaz de explicar la ley de la gravedad con una pelota de color aceituna y goma dura que te regalaban con los zapatos gorila que te machacaban los pies, caminar por la calle sin pisar las rayas, el rezo cada noche del cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos me la guardan… La gran aventura de las historias bíblicas precursoras de las fantásticas hazañas de los súper héroes, la pesadilla de la clase de gimnasia para convertirnos en la Universidad en unos deportistas de otras especialidades, las angustiosas pesadillas nocturnas que te hacían despertar sobresaltado, o desear con todas tus fuerzas algo hasta casi sentir que lo consigues. 

Todo cabe en los pequeños microrrelatos de Atilano Sevillano en forma de noticias de sucesos, anuncios por palabras, cuentos, narraciones, currículos vitae, crónicas, poesía, prosa, música, diccionario, viajes, … Textos que se reinventan por ellos mismos, se reescriben, se garabatean, se interrogan, se auto agregan palabras y se borran otras, enmudecen, se hacen invisibles en un microrrelato, tan minimalista, tan zen, tan tímido que se esconde para que la página quede en blanco, y hasta llegan a su propio suicidio con el auto tachado. Absurdos metaliterarios de lo más convincente y creíble.

Personajes de la actualidad, de la tele basura y del papel cuché como prologuistas de los clásicos para asegurar el relanzamiento de estas joyas literarias pese a que no sepan ni hablar. Propuesta de lectura para rebajar días de condena carcelaria para fomentar que se lea. Cambiarse el autor su nombre y apellido para escribirse un autorretrato, confesando su amor por la escritura frente a su parquedad en la comunicación oral. Don Quijote de La Mancha escribiendo la biografía de Miguel de Cervantes. La conversación elíptica de dos ancianos sentados en un banco de la plaza mayor de su pueblo y que no conduce a ninguna parte. Verdaderas, y no las que nos han hecho creer durante años, realidades de las vidas de los personajes de los cuentos de hadas infantiles, para quedar demostrado que Andersen, Perrault y los hermanos Grimm no es que tuviesen una impresionante imaginación, sino que eran unos mentirosos compulsivos. Relaciones entre hombres y mujeres, entre esos él y ella anónimos, distintos y complementarios pese a una apariencia de incompatibilidad. Conversaciones aplazadas una y otra vez en un silencio ruidoso. La gran importancia del nombre con que nos llamamos. La importancia del pasado, de la infancia, que recordamos con añoranza. Literatura y metaliteratura hasta en los anuncios por palabras que podemos leer en un periódico, en la papeleta depositada en el buzón de correos ofreciéndonos las excelencias de un masaje o la perspicacia de un chamán africano, u otra papeleta pillada por el limpiaparabrisas de nuestro coche.

Todo esto y mucho más es Al pie de la letra. Unas deudas literarias que se encontraban en la cabeza de Atilano Sevillano y que surgen de las infinitas combinaciones que proporcionan las veintisiete letras del alfabeto y de lo leído en los diferentes libros a lo largo de una existencia para alcanzar y darse de bruces con la esencia de la Literatura dándose una simple vuelta por la vida de unos personajes variopintos y heterogéneos en las páginas de una novela y hasta en uno de estos microrrelatos.

Atilano Sevillano nos da diferentes visiones de las cosas según sea el cristal con el que se mire y no se conforma con ser el lector que soñó con ser un gran literato, reto que ha ya conseguido con creces escribiendo limitándose a lo necesario, evitando lo superfluo para escribir corto, pero huyendo de la tiranía de los ciento cuarenta caracteres de un twitt.

En Al pie de la letra, la escritura se asoma como producto de desnudar palabras, conjugar verbos y soñar que estás escribiendo algo mientras se va llenando de letras y oraciones una página en blanco, como un verdadero ansiolítico descubierto por esa psiquiatra que es capaz de curar la locura: intimidad, pasión y compromiso, en sus correspondientes dosis, para revitalizar los lazos afectivos, y el oxígeno, la tranquilidad y realidad y perspectiva, de mayor a menor, para dejar atrás los malos momentos, en sentimientos frente a la química tomados de la misma manera: en píldora con forma de microrrelato,

La magia de la literatura escondida en una chistera, llamada Al pie de la letra. Microrrelatos de la A a la Z, de un verdadero taumaturgo de las letras y la palabra, Atilano Sevillano.
Lectura deliciosa.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

lunes, 13 de marzo de 2017

El secreto de las Beguinas



Las beguinas eran una asociación de mujeres cristianas, contemplativas y activas, fundada en el siglo XII, que dedicaban su vida a la ayuda a los desamparados, enfermos, mujeres, niños y ancianos, y también a labores intelectuales. Trabajaban para mantenerse y eran libres para dejar la asociación en cualquier momento para casarse.

No tenían casa-madre, ni tampoco una regla común, ni una orden general. Construían sus viviendas en forma de hileras cerca de los hospitales e iglesias en el centro de las ciudades, formando barrios enteros a los que llamaron beguinajes. Estos estaban cercados por puertas o vallas que cerraban por las noches, y a ellos no podían acceder hombres, siendo el sacerdote el único varón con permiso para entrar en estos recintos para confesar y oficiar misa. Los beguinajes tienen calles y plazas, una enfermería, uno o varios conventos dedicados a las novicias y beguinas que deseaban una vida más comunitaria y una iglesia particular. Cada comunidad o beguinaje, era autónoma y organizaba su propia forma de vida con el propósito de orar y servir como Cristo en su pobreza.

Las beguinas eran laicas y religiosas a la vez. Vivían con total independencia del control masculino y la libertad de la que gozaban era inseparable de la red de relaciones que establecían entre ellas, con Dios y con el resto de las mujeres y hombres de las ciudades en las que vivían. Pertenecían principalmente a la clase media y popular de las ciudades donde se asentaban, pero también había aristócratas y campesinas. Vivían de sus rentas, si las tenían, y de su trabajo en la industria, la artesanía de la lana, la enfermería, el copiado de manuscritos, la enseñanza de las niñas, la asistencia a personas moribundas como “acabadoras” de la vida o mediadoras de la muerte que les otorgó una función que las convirtió en imprescindibles, constituyendo ese cuidado a enfermos y moribundos como una práctica espiritual íntimamente vinculada a la compasión y a la solidaridad.

Las beguinas quisieron ser espirituales, pero no religiosas; quisieron vivir entre mujeres, pero no ser monjas; quisieron rezar y trabajar, pero no en un monasterio; quisieron ser fieles a sí mismas, pero sin votos; quisieron ser cristianas, pero ni en la Iglesia constituida, ni tampoco en la herejía; quisieron experimentar en su corporeidad, pero sin ser canonizadas ni demonizadas. Y para todo ello, inventaron la forma de vida beguina, una forma de vida política, que supo situarse más allá de la ley, pero no en contra de ella. Nunca pidieron papado que confirmara su manera de vivir y de convivir, ni se rebelaron, tampoco, contra la Iglesia. Fueron visionarias en dejar de lado el latín y escribir en sus lenguas vernáculas. No se casaron, pero tampoco hacían voto de castidad. Nunca fueron monjas, aunque lo pareciesen, porque nunca se sometieron a la jerarquía de la Iglesia, ni acataron los votos de pobreza, castidad y obediencia, y sólo rendían cuentas a su conciencia. Causarán admiración y asombro entre sus contemporáneos, pero se les reprochará vivir fuera de la Iglesia, vivir juntas, sus ropas, sus oficios…, lo que unido a que en su mayoría se acercaron a la Reforma a partir del siglo XVI, ¿cómo no iban a ser perseguidas, olvidadas y silenciadas?

En el siglo XVII, la visión de la mujer austera sometida al marido, modelo de orden, sumisión y trabajo, estará completamente asentada y cualquier otra opción de vida calificará a la mujer como bruja y la convertirá en alguien peligroso. Y además, si incluimos el símbolo que tanto utilizaron como es el Ave Fénix, ese mitológico animal que siempre renacía de sus cenizas, símbolo alquímico por excelencia, quizás funcione todavía, y la magia que le precede logre su resurgir del sombrío olvido al que fueron condenadas estas mujeres.

El movimiento de las beguinas es como un lugar espiritual y pragmático a la vez, que rompe con la diferenciación que la Iglesia imponía entre la oración y la acción. Un espacio que no es doméstico, ni claustral, ni heterosexual. Es un espacio que las mujeres comparten al margen del sistema de parentesco patriarcal en el que se ha superado la fragmentación espacial y comunicativa y que se mantiene abierto a la realidad social que las rodea, en la cual y sobre la cual actúan, diluyendo la división secular y jerarquizada entre público y privado y que, por tanto, se convierte en abierto y cerrado a la vez.

Valga esta introducción antes de reseñar la novela de Pedro M. Domene, editada por Trifaldi, y que lleva por título El secreto de las Beguinas, término absolutamente desconocido para mí antes de tener el libro entre mis manos y que, debido a mi curiosidad, , me ha lanzado a documentarme sobre los temas que se tratan en la novela, a saber, aparte de la congregación de las beguinas, los Tercios Españoles y la guerra de Flandes o de los Ochenta Años, el sitio de Ostende, los Autos de Fe dictados por la Inquisición y la investigación histórica.

Vamos a situarnos a principios del siglo XVII, concretamente en esos años en que los Tercios Españoles destacados en Flandes a las órdenes del capitán general, Ambrosio Spínola Doria, I duque de Sesto, I marqués de los Balbases y Grande de España bajo el reinado de Felipe III, que duró más de tres años y en el que murieron entre los dos bandos, por un lado las Provincias Unidas apoyadas por tropas inglesas, y por otro la Monarquía católica española, más de 100.000 personas, hasta que las tropas españolas consiguieron conquistarla el 20 de septiembre de 1604 dejando la ciudad totalmente destruida y prólogo a la llamada Tregua de los Doce Años para que los bandos en conflicto se recuperasen de las pérdidas económicas causadas en este sitio calificado por la Historia como uno de los más terribles conocidos.

Debido a las continuas revueltas y a la animadversión hacia los españoles, una secreta alianza entre flamencos, holandeses e ingleses, además del sitio a la ciudad de Ostente, llevaron a muchos nobles de los Países Bajos a abandonar sus hogares para aliarse contra el Imperio Español, y uno de ellos, Jan Thierry, deja en el beguinato de Brujas a su joven esposa, Elisabeth, para que esté allí custodiada hasta que él regrese de la guerra, con el trabajo de colaborar con las beguinas en el cuidado de los soldados heridos que llegaban a sus puertas. Jorge de Deza es un joven oficial de los Tercios Españoles que es herido cuando se dirigía a unirse al sitio de Ostende con el destacamento a sus órdenes y que es trasladado al mencionado beguinato de Brujas. Elisabeth será la responsable de sus cuidados. Jorge de Deza llega moribundo, y ahí nos encontramos con el secreto del título de la novela. ¿Cuidaban las beguinas a los heridos españoles hasta su curación o esperaban a que murieran lentamente practicando en sus cuerpos sangrías a diario? ¿Eran las beguinas de Brujas unas asesinas en serie en pleno siglo XVII? Potente argumento el que nos propone Pedro M. Domene.

Finalizado el asedio y claudicada Ostende, la Santa Inquisición realiza un Auto de Fe en Brujas donde son condenadas a la hoguera la Gran Dama de las Beguinas de la ciudad, once beatas muy jóvenes y una más, huida y condenada en efigie, acusadas de dar muerte a los soldados españoles y heridos que estaban recluidos en su beguinato  y por herejía por tener tratos con el Maligno.

En la actualidad, dos hermanos jóvenes, Diego y Jorge Galaor, que son investigadores  de historia de caracteres muy dispares, mientras el mayor es lenguaraz y alocado, el menor hace su trabajo de forma científica y profesional, estudian unos documentos que ha encontrado el primero sobre lo ocurrido en Brujas sobre el Auto de Fe que tuvo lugar en 1604. Diego pide ayuda a su hermano que se encuentra en Londres solicitando que le acompañe en su investigación en Bélgica para llegar a unas conclusiones sobre lo acaecido en esa época y descubrir el secreto que se encierra entre las paredes del Beguinato de Brujas cuatro siglos antes.

El secreto de las Beguinas avanza pues de forma paralela en tres espacios diferentes que convergerán al final del libro.

Pedro M. Domene escribe con maestría una novela que en diferentes momentos me ha llevado a recordar una gran película de 1979: Apocalypse Now de Francis Ford Coppola. En ella unos soldados americanos tenían que luchar en una guerra absurda en un país tan alejado de sus casas como es Vietnam. En El secreto de las Beguinas, unos soldados españoles del siglo XVII tienen que luchar en otra guerra absurda, como lo son todas las guerras, muy al norte de su tierra. Ambos ejércitos son en su época los más poderosos del mundo y ambos al final fueron derrotados, no por la táctica militar superior del enemigo y las grandes batallas rendidas, sino por la adversidad del clima, la abundante lluvia y la posterior humedad, que minaron la baja moral de una tropa, la americana reclutada a la fuerza, y la española alistada en su mayoría sólo para hacer fortuna. Ambas protagonizaron desórdenes y saqueos por donde pasaban, además de innumerables y crueles matanzas para mantenerse vivos. Pero ya sabemos que la Historia siempre se ha tornado cruel con los territorios ocupados y, si cabe, más despiadada aún con los habitantes civiles de los mismos. Y todo por mantener su grandioso Imperio de pies de barro, los unos por defender el capitalismo y los otros, donde no se ponía el sol, por su hegemonía y por la religión católica.

Pedro M. Domene se descubre en El secreto de las Beguinas como un muy buen novelista que, como buen historiador, ha profundizado en la época, los hechos y los lugares, anotado detalles, y, finalmente, estoy convencido de ello, ha logrado confundir la realidad con la fantasía para otorgar a su relato mayor veracidad histórica. Prácticamente y en suma lo que hace uno de sus protagonistas.

Tercios de Flandes, Guerra de los Ochenta Años, Santa Inquisición y Autos de Fe, Beguinas, la maravillosa y mágica ciudad de Brujas…, todo está dentro de El secreto de las Beguinas, además con una trama que te envuelve en un perfecto suspense que es finalmente resuelto en unos capítulos finales absolutamente deliciosos.

¿Caminan los hermanos Galaor por unas calles de Brujas donde se pasearon siglos atrás unas nobles asesinas que, descubiertas por el Santo Oficio, fueron quemadas por un tribunal de la Inquisición? ¿Descubrirán al hilo de una investigación histórica una auténtica trama criminal? ¿Cuál fue la historia de Jorge de Deza y Elisabeth?

¿Quieres tener respuesta a todas estas preguntas? Tendrás que leer El secreto de las Beguinas de Pedro M. Domene porque yo ya no puedo contar nada más y hasta aquí puedo escribir. Eso sí, te puedo asegurar que no quedarás defraudado, sino muy entusiasmado con su lectura. Yo que tú es que ni me lo pensaba.  

   ©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

lunes, 6 de marzo de 2017

Media vida




Cinco chicas juegan una noche a escondidas al juego de las prendas en un internado regido por monjas paulinas. Corre el año de 1950 y tienen catorce años y toda una vida por delante en esa España que en plena posguerra es tan gris, pacata y vil. Lo que va a suceder esa noche final para varias de ellas de su estancia, les va a marcar, en especial a una, el resto de su existencia.

Media vida de Care Santos, ganadora del Premio Nadal de 2017, nos narra la vida de esas mismas niñas, ya mujeres, durante la noche, en la que cae sobre Barcelona una impresionante tormenta, de 29 de julio de 1981, día en que se casaron Lady Di y Carlos de Inglaterra y en nuestro país se acababa de aprobar en el Congreso de los Diputados la Ley del Divorcio apenas hacía un mes, con saltos continuos al pasado, con escenas de la vida cotidiana y canciones de la época, para ir conociendo a esas niñas de catorce años, ya que nacieron en 1936, y que ahora tienen cuarenta y cinco años, en un homenaje a todas esas mujeres que se tuvieron que modernizar por ellas mismas después de una época tan cerril. Unas mujeres que llegan con su lastre de experiencia, pero que no se daban cuenta de lo que se habían perdido porque su mundo hasta ese momento era muy cerrado y aunque a esta edad se tenga por delante mucho futuro por vivir, pese a que se sienta a la vez todo el peso del pasado. Es un momento de la vida muy especial que seguramente no se produce en ningún otro instante, en la media vida, y por eso Care Santos lo ilustra de manera muy sutil e inteligente con una de las protagonistas que ya es abuela, mientras que otra está por primera vez embarazada, para rendir su particular admiración y respeto hacia esa generación de mujeres que tuvieron que construir sus destinos en un momento y un lugar en el que la hipocresía de aquellos que querían mantener las formas a cualquier precio y que se enfrentó a nuevas miradas sobre la amistad, el amor, el sexo y la libertad.

Las cinco protagonistas de Media vida llevan sin haberse vuelto a ver desde hace treinta años cuando, en esa aciaga noche, final de su internado, ocurrieron los hechos que descubriremos al final la novela, y se reunirán la noche del 29 de julio de 1981 para cenar y recordar la época que compartieron en el internado de monjas y su vida posterior tras esa noche en la que sus destinos quedaron marcados para siempre por un juego infantil e inocente.

Olga y Marta Viñó, Lolita Puncel Farrús, Ana María “Nina” Borras Truyol y Julia Salas se pasean por las página de Media vida en una historia sobre las relaciones humanas, el perdón y el paso del tiempo de unas mujeres que tuvieron que sacarse las castañas del fuego y construir sus vidas con inteligencia y coraje, buscando nuevos caminos a propósito del amor y la libertad, dentro de un contexto de amistad que es más ventajosa que el amor, ya que resulta menos exigente que éste y te permite una mayor libertad. Las cinco mujeres que protagonizan la novela son como unos arquetipos que representan cinco respuestas diferentes a los retos que las mujeres de esa época se encontraron en ese momento de cambio que supuso la Transición.

Care Santos habla de esos “hasta que…” que son lo mejor de la vida, esos giros de timón que trazan toda su existencia, y pasa cuentas con una época que hundió la vida a muchas mujeres que, mientras la República les había preparado un futuro mejor, el franquismo lo destrozó para volver hacia atrás, un retorno al siglo XIX, aunque se encuentre a gente que vivió en esos años que le pareciera muy bien o que se diera cuenta que les habían engañado cuando ya era muy tarde. Una época en que muchos matrimonios eran sólo, o parecían ser, de conveniencia para ambos miembros de la pareja, sin deseo, sin amor, sin cariño, sin cama común, sin palabras, sin nada, en los que solamente interesaba la parte práctica: ella gobernaba la casa, él la protegía; ella era buena administradora, él tenía el dinero; un tándem perfecto para una vida triste.

Perdón, infelicidad, infidelidad, amistad, vergüenza, dolor, crueldad, soledad, rabia, tristeza, justicia frente a la injusticia, cambio, amor, odio, recuerdos, engaños, mentiras…, dentro de una novela, Media vida, en la que cada una de sus protagonistas, en tan sólo una noche, tienen la suerte de alcanzar la oportunidad de conocerse mejor a ellas mismas gracias al conocimiento de las demás, y tomar decisiones que hacen algo más que cambiar la vida, ya que también al tomarlas, nos transformamos en otras personas, aunque a veces los demás no lo soporten.

Una gran novela de una gran escritora que es imprescindible leer para quedar ensimismado y fascinado al finalizar su lectura. Quizás sea porque las historias sobre las mujeres de la posguerra, tan importantes para mí, tienen una magia muy especial. Un libro muy bello.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

jueves, 2 de marzo de 2017

Tres minutos de color





El número tres está asociado a la inspiración y a la inteligencia imaginativa con capacidades especiales. Está vinculado con el tiempo (pasado, presente, futuro) y con los tres colores primarios (azul, amarillo y rojo).

El color es una sensación que producen los rayos luminosos en los órganos visuales y que es interpretada en el cerebro.

Coque Brox, inspector de la Policía Nacional en la vieja comisaría de la Vía Layetana de Barcelona en vísperas de pasar los trastos a unos Mossos d’Esquadra a punto de tomar las riendas en la ciudad. No puede distinguir los colores porque es acromatópsico por lo que sólo ve la vida que le rodea en blanco y negro, cosa que le hace aún más ofuscado y parco en palabras de lo que sería si no padeciese esa enfermedad, ya que su vida es un absoluto desastre desde que sufrió una terrible pérdida irreparable que ha dado como consecuencia la separación con su mujer, Marga, que tiene intenciones suicidas desde el mismo día que aconteció esa terrible pérdida irreparable, y que le ha ido alejando de forma paulatina de su hija preadolescente que ni siquiera habla con él y parece que no le quiere.

Todos estos hechos le han agriado mucho el carácter desde hace algo más de dos años. Trabaja en el departamento de desaparecidos y puede sobrevivir gracias al trabajo que tampoco no es que últimamente le vaya en exceso bien por culpa de su jefe directo, el comisario Palomares, que por lo que intuye no le traga para nada.

Esta suma de desgracias le han hecho una persona taciturna y antipática para todos los que le rodean. No se puede refugiar en nadie pues comparte piso con Oliver, médico forense del Hospital Clínico de Barcelona que se pasa la vida en sus ratos libres jugando a un videojuego on-line.

En definitiva, Coque Brox, inspector de una Policía Nacional que está a punto de desaparecer de las calles de Barcelona y que come garbanzos de color blanco y negro, es una persona atiborrada de un profundo dolor que vive con la apatía de los que tienen los perdedores y que te tantea a diario si de veras quieres seguir para delante. Como estaba ya hastiado de cómo y cuándo puede producirse la muerte de su mujer, a la que ama con locura, abandonó su hogar para no ser testigo del éxito en algún intento de suicidio de ella, situación en la que todas las mirada le seguirían declarándolo culpable. Se ha ido alejando tanto de todo que ya carece de vida social, a excepción de Jalil, un árabe que la Policía contrata de manera esporádica como interprete y que, además, le aporta a Coque Brox información y las visitas periódicas que hace a su padre, antiguo trompetista en un teatro del Paralelo, en el barrio de su infancia y juventud del Poble-Séc.

Para colmo de males, su único amigo y antiguo compañero, Palma, ha desaparecido y a Coque Brox le parece que no se hace lo suficiente para dar con su paradero, y, además, su jefe pretende apartarlo de la investigación de lo que hace caso omiso haciéndolo él por su cuenta con la inestimable ayuda de Jalil para descubrir que su colega iba detrás de una red que se dedicaba a abusos sexuales a menores y de pornografía y prostitución infantil e intentaba detener a todos sus responsables en el momento de su desaparición.

Por otro lado, Oliver tiene una amiga cardiocirujana en su mismo hospital, Nadia, que presentará a Coque Brox al igual que lo hará con Rodri, dueño de un bar que ambos van a menudo. El bar es un local muy especial y tiene un libro en el que se pueden poner mensajes escritos para amigos y conocidos.  Oliver y Nadia le cuentan a Coque Brox que han asistido hace unos días los dos, cada uno por su lado, a unos hechos extraordinarios. A Nadia en plena intervención quirúrgica de un paciente invidente éste entró en parada y estuvo en muerte cerebral durante tres minutos, pero al que se logró recuperar para que le cuente como es ella físicamente y como es el quirófano, que es lo que hacían los médicos cuando estaba muerto y hasta como es su gorro de delfines con el que se cubre la cabeza cuando está operando en la sala de cirugía. Por otro lugar, Oliver, estando trabajando en la salas de autopsias, ha visto asombrado como tres cadáveres han caído a la vez al suelo desde tres camillas diferentes. Estos dos hechos les harán interesarse e investigar para saber más sobre las ECM o experiencias cercanas a la muerte y sobre que puede suceder más allá de la vida.

Al final de la primera parte de las tres en la que está dividida Tres minutos de color, se produce un hecho fundamental en la novela, absolutamente original y novedosos en el género negro, que va a resultar fundamental para la resolución de la trama. Por otra parte conseguida de forma perfecta, en donde se irán encajando todas las piezas del tablero para alcanzar un final apoteósico, excelente y muy bien resuelto y acabado.

Pere Cervantes presenta su tercera novela con Tres minutos de color después de las magníficas No nos dejan ser niños y La mirada de Chapman, poniendo en nuestras manos un producto magnífico  en el que se nota que ha trabajado durante varios años para sacarlo al mercado, tratando un tema difícil con una apuesta que podía resultar en exceso arriesgada, pero que en sus manos resulta perfectamente creíble y eficaz al escribir con una total y absoluta maestría, consiguiendo una narración hilvanada, perfecta y muy bien narrada marca de la casa. Pere Cervantes cada día escribe mejor y nos describe unas situaciones y nos dibuja unos personajes con un lenguaje entre lo que roza lo lírico y lo efectivo, dentro de una Barcelona lúgubre y fantasmagórica, para llegar a demostrar su hipótesis de que el tiempo no existe sino que sólo es el único modo que tenemos de medir el concepto de cambio, porque todo cambia, tanto los objetos como las personas, y sin el tiempo ese cambio se nos hace insoportable y más aún cuando la memoria no se sitúa en el cerebro sino en el corazón de cada uno.

Coque Brox es un hombre que pasea pausadamente por es Barcelona en blanco y negro y siente lástima por lo que observa porque adivina que un tsunami va a llegar y nos va a arrastrar a todos.

Si como decía al principio el número tres, número emblemático en Tres minutos de color, está asociado a la inspiración y a la inteligencia imaginativa no me extraña porqué lo haya utilizado Pere Cervantes que debe estar imbuido de ese número tres. Si, además, está vinculado a los tres colores primarios y al tiempo ya comprendo absolutamente todo.

Porque está poblada de personajes inolvidables, porque me gusta Barcelona aunque aquí esté en caída libre y en profundo cambio que despierta la nostalgia de sus habitantes, porque tiene una trama apasionante y muy original, porque nos adentra en terrenos desconocidos e inexplorados aún por todos nosotros, porque como decía ese centauro de las letras que era Jorge Luis Borges: “Lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador”, porque nos da posibles ideas sobre lo que puede haber después de la muerte, porque nos demuestra lo estéril que es luchar contra el tiempo, porque es una novela no escrita para que guste sino para estremecer, porque te hace dudar y reflexionar, porque morir es como vivir, pero sin embustes…, no dejes, por lo qué más quieras, de tener en tu vida al menos tres minutos de color no sea que en la muerte ya sea demasiado tarde.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

martes, 28 de febrero de 2017

El imperio de los leones



En una sala de cine de Lyon en Francia unos jóvenes de los suburbios de la ciudad, una tarde de 1972 asisten al estreno de El Padrino de Francis Ford Coppola y miran con la boca abierta, mientras sueñan en llegar a ser muy pronto como los protagonistas de la película o como su héroe, ese otro gánster americano de principios de siglo, John Dillinger que murió acribillado por el FBI a la salida de otro cine. Los cinco provienen de familias de clase media que fueron expulsadas de Argelia tras su independencia en 1962; son pieds-noirs, ciudadanos no argelinos que residían en esa colonia francesa del Norte de África. Son hijos de unos ciudadanos que tienen que venir a Francia y que se vuelven muy peligrosos al no tener un futuro claro, porque perdieron muchas cosas en esa guerra con la consecuencia de que se gestó una generación sin ninguna esperanza.

Comienzan su andadura por el mundo del crimen muy pronto asaltando a campesinos payeses a los que les hacen confesar donde guardan sus ahorros mediante el método de quemarles los pies con un soplete. Pero, necesitan más y hace poco han asaltado una sucursal bancaria con el resultado de cargar sobre sus espaldas dos muertos, para convertirse paulatinamente en una de las bandas mafiosas de Francia más peligrosas, bajo el nombre de clan Neige.

Su jefe, Jean Neige, lo tiene muy claro. Él no quiere trabajar para nadie porque ahí reside la gracia de controlar un negocio ilegal. Sabe que se tiene que trabajar mucho y muy duro, pero que no tienes amos ni señores. Sus padres y los de sus amigos se han hartado de trabajar para los demás y los de muchos de los que conoce también, y todos han aprendido una cosa: trabajando para otro nadie se hace rico jamás. Y él y sus amigos quieren hacerse ricos, inmensamente ricos.

Para conseguirlo van a entrar en una espiral de violencia cruel y, como ellos la llaman, justificada, la que es necesaria para conseguir determinados fines siempre y cuando quienes pretendan conseguirlos sean los integrantes de una peligrosa banda criminal, y la suya va a tener con el tiempo un historial brutal de atracos a bancos, asesinatos, tráfico de hachís y marihuana, proxenetismo… que les va a ir haciendo cada vez más ricos al invertir las ganancias de sus fechorías en negocios más o menos legales durante más de tres décadas, primero en Francia y luego saltando a España para terminar exportando su modelo de negocio hasta los emergentes países del Este, decididos a abrazar el capitalismo más salvaje una vez derribado el muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

El clan Neige se convierte así en un grupo de leones que habían fundado un imperio de la nada. De quemar pies con un soplete a campesinos, en tan sólo quince años controlan todo Lyon y empiezan a extenderse por el resto de Europa, descubriendo un paraíso para invertir el dinero de sus inmobiliarias en un negocio prometedor: el ladrillo en la Costa Brava, en Mallorca, en Valencia y en Andalucía.

El clan Neige, formado por Jean Neige, Michael Aubriot, Luigi Colomba, René, simplemente René, y Sébastien, que empezó de la nada, al llegar los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 controlaba un auténtico imperio. Aparte de sus intereses en Francia, incluida la propiedad de un periódico de máxima tirada, y en los antiguos países del Este, tenía en España la propiedad de siete hoteles urbanos y cinco en la costa, varias discotecas, pisos de prostitución de lujo, burdeles, multitud de apartamentos y dos urbanizaciones enteras. Pero querían más. Querían ser los jefes de la Mafia europea. Y había llegado la hora de los grandes negocios.

Sebastià Bennasar vuelve a deleitarnos, después de El país de los crepúsculos, con una novela asombrosa y genial: El imperio de los leones. Y no se anda con medias tintas, dejando muy claro de que va ir la narración desde el principio con un arranque impresionante de dos páginas llenas de brutalidad y violencia marca de la casa, con su lenguaje conciso, casi seco como lo puede ser un disparo de pistola, y bestial en las escenas en las que tiene que aparecer la sangre por necesidades del guión y a las que ya nos tiene acostumbrados. Con un estilo, en cierto modo periodístico, muy ágil nos adentramos en la historia y en la evolución de uno de esos clanes franceses que empezaron su trayecto criminal en la ciudad de Lyon, traspasaron la frontera para instalarse en la Costa Brava gerundense en los años setenta y ochenta del siglo pasado para poblarla de apartamentos para uso y disfrute de un turismo que añoraba con tener el privilegio de una segunda vivienda y que no ponían límites para alcanzar sus objetivos de dinero y poder con total impunidad. Una gente que se aprovechó del caldo de cultivo, ellos mismos eran ingredientes de él, de esas familias de clase media expulsadas del norte de África, pero que creen en la cultura y en la información como medio para agrandar la democracia, su democracia particular, en la que se mueven como pez en el agua.

El clan Neige llegará a tener un historial despiadado de diferentes tipos de crímenes, pero con una pátina de legalidad, con la creación de empresas legales y una tela de araña inmensa de agarraderas que permite que, cuando uno de sus miembros entra en la cárcel, sale al poco libre por defecto de forma. Tienen un aura, y así se presentan, de hombres respetables. En sus empresas empezaron dando trabajos a numerosos minusválidos, sobre todo policías y militares heridos en la guerra de Argelia y a aquellos que fueron expulsados y llegaron a Francia para llegar a ser unos pobres desgraciados y convertirse en unos parias al entrar en Francia, pero, que gracias a Neige y su banda, se hicieron partícipes de sus negocios y pudieron abandonar ese baldón y esa afrenta, para pasar a ser respetados y ser ellos los que deciden las cosas. Y también sus hijos, que pueden huir de la miseria a la que estaban abocados gracias a ellos, a su generosidad y al dinero, en un mundo en el que se escucha palabras como libertad, igualdad y fraternidad, pero que, a la hora de la verdad, no es cierto. Sin ellos habrían sido chicos de barrio viviendo en pisos minúsculos a los que se les caerían las paredes, muertos por la droga o en el atraco a una gasolinera, o deslomados en trabajos basura y haciendo cualquier cosa para sobrevivir. Y sus nietos también estarían predestinados a vivir así. Queda muy claro que esta gente hará cualquier cosa, incluso dejarse matar si hiciera falta, por sus benefactores y vivir con la tranquilidad de que si les ocurriese algo, a su familia nunca le faltará nada. Porque ahora ganan mucho dinero, y ese dinero les ha permitido ganar la libertad y el poder escapar del destino de miseria que la vida les tenía preparado.

Jean Neige y sus hombres saben cómo conseguir esas lealtades inquebrantables y nunca juzgan a sus enemigos desde una posición de superioridad porque han descubierto que la vanidad es la peor compañera de viaje de una persona ambiciosa que para llegar a su destino debe comportarse como un soldado. Saben perfectamente también que no se deben fiar nunca de nadie que no esté dispuesto a dar su sangre para protegerte y a cortarse la lengua a mordiscos antes de delatarte. Y pobre de aquel que les sea desleal y rompa el pacto no escrito. Tienen metido en su cabeza ser los jefes de todos los jefes para que nadie les haga sombra. Y tienen paciencia, mucha paciencia, pero ni perdonan ni olvidan.

El imperio de los leones es una novela de tema social, intensa, efectiva, impactante, negra negrísima, violenta, un canto a la amistad, atroz, implacable, genial, imprescindible, majestuosa, perfecta, magnífica, excelente, esplendida,… Sebastià Bennasar se convierte en un puntal de la novela negra nacional y europea. Leer su obra se hace indispensable si queremos entender lo que mueve el mundo. Leer El imperio de los leones es imprescindible para darnos cuenta de que los leones nunca tienen miedo y que todo lo que logran son cosas suyas a las que no van a renunciar ni dejar que se las arrebaten… y todos los demás ya los saben.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

miércoles, 15 de febrero de 2017

La caricia de Tánatos



Es asombrosa la cantidad de temas que puede abarcar la novela negra. Aunque La caricia de Tánatos de María José Moreno, más que novela negra se adentra en el análisis de las zonas oscuras de las personas, aquello que es el motor de muchos de los comportamientos y que, claro está, viene a complicar las relaciones interpersonales.

La caricia de Tánatos cuenta una historia que gira en torno a dos coordenadas fundamentales que van a constituir la razón de ser de la trama, y que las podemos encuadrar en dos frases: “Nada es lo que parece” y “El mal está a tu lado, ¿sabrías reconocerlo?”.

Una coincidente cadena de sucesos viene a enturbiar la rutinaria y tranquila existencia de la psicoterapeuta Mercedes Lozano
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Inquietantes llamadas telefónicas anónimas y cartas; el inicio de una relación afectiva con Miguel Vergara, un psiquiatra que ejerce de médico forense, con una traumática infancia de la que no termina de desprenderse; un complicado tratamiento psicológico de una paciente, Marina Daroca, y la aparición en escena de un hombre que solicita su ayuda profesional y cuya mirada «hiela la sangre», ponen su vida boca abajo y la sitúan al borde del precipicio emocional.

Un thriller psicológico que recrea con gran realismo el escabroso viaje de la psicoterapeuta a través de sí misma y de sus pacientes para identificar el tejido del Mal, su origen y la forma de manifestarse a través de sus múltiples máscaras: la manipulación, la perversidad, la culpa autoimpuesta, el maltrato psicológico… poniendo el acento en las vidas de unos personajes marcados por su infancia, mostrándonos el lado más oscuro de sus mentes.

A estas alturas, los aficionados al género conocen que la Trilogía del Mal de María José está concebida en torno a su protagonista, Mercedes Lozano, una psicóloga adicta al trabajo, muy profesional, pero insegura en muchos otros aspectos de su vida, con una infancia carente del afecto de su madre y una boda abortada poco antes de producirse al ser abandonada por su novio que se fue con su mejor amiga, con el proyecto de recoger en los tres libros distintas perspectivas sobre el Mal, desde la más banal a la más perversa, mostrándonos el viaje a través de la protagonista y de los demás personajes que nos ilumine para poder identificar el tejido del Mal. Su origen y las diferentes formas que tiene de manifestarse, zambulléndonos o, mejor dicho, arrojándonos al lado más vil, infame, despreciable, malvado, cruel, dañino, abyecto y nocivo que una persona puede llevar dentro.

El rechazo y la falta de cariño de una madre hacia su hija, la manera de comportarse y maltratar de un padre a su hijo, de un jefe a sus subordinados, la sobreprotección de una hija única y tardía, los abusos de una madre a su hijo, … pueden desembocar en futuras personalidades de lo más complejas, que van desde la inseguridad hasta la culminación de un narcisista, egocéntrico, egoísta y vampiro psicológico que anula, manipula, desangra y destroza la vida de su víctima en la que ha fijado su mirada.

Convivimos con los demás sin llegar a reconocer a los malvados que comparten la vida con nosotros. Nos creemos que vivimos felices en un mundo seguro y no es real. La realidad sólo la aprehendes bajo estas circunstancias cuando te topas y te das de bruces con el mal. Después te olvidas y sigues con tu vida, por aquello de la capacidad humana de supervivencia. Quien sobreviva, claro.

Las personas tóxicas vampiras es lo más terrorífico con lo que te puedes encontrar, porque te dejan hecho un despojo sin que los esperes y ni siquiera te lo puedas llegar a imaginar. Son personas corrientes; si me apuras, incluso más amables que la mayoría, de los que no puedes sospechar que sean capaces de hacer nada malo. Caes en sus redes y colaboras sin ser consciente de tu propia destrucción.

No esperes disculpas ni remordimientos sinceros de estos seres. No solo no sienten culpa, sino que puede que disfruten con el daño que infligen. Actúan así porque les conviene, porque es el camino más corto para conseguir lo que desean, y porque han descubierto que les compensa dañar a otra persona o saltarse la ley con tal de lograrlo.

El vampiro es experto en volver las cartas a su favor. Extremadamente manipulador, inteligente y astuto, rompe cada pacto o cada límite a su conveniencia. Bajo la excusa del amor, se comportará de manera impulsiva y descontrolada. Aducirá problemas personales (en la novela laborales) para conseguir beneficios y justificar sus altibajos emocionales.

Al ser un consumado hipócrita, la percepción de los que le rodean será la de una persona atenta y atractiva. Está devorando a la víctima, que ni siquiera sabe cuándo ha comenzado todo.

Un vampiro monta en cólera continuamente, aparenta estar indefenso y ser digno de compasión, se muestra rebelde, es narcisista, tiene sentimientos de culpa, es dependiente, manipulador, reservado e insensible.

Nunca hay que perder de vista el poder de la fascinación de los vampiros. Un vampiro emocional no evita una ocasión para hacer el mal. Sabe perfectamente lo que quiere y como lo quiere. Cualquier víctima de un vampiro, en el estado de deslumbramiento en el que se halla, justificará, al menos al principio, su relación y sus reacciones, minimizando los elementos extraños que percibe, aludiendo al amor, a su carácter, a sus circunstancias… o incluso se culparán a sí mismas.

La víctima se enamora como un becerro del vampiro emocional y es capaz de saltar cualquier límite, incluida su propia familia, acabando muerto, arruinado, cornuda y mentalmente inestable, porque la mordedura del vampiro crea adicción y dejar de sentirla supone la mayor decepción de su vida.

Un maltratador psicológico psicópata distingue el bien del mal, pero elige el mal sin dudar si eso es lo que le favorece, carece de empatía emocional, cosifica y percibe a los demás como simples herramientas para alcanzar sus objetivos y nunca aprenden de sus errores debido a su escepticismo y su complejo de superioridad. Se adapta a una vida normal, integrado y pasando inadvertido. Un maltratador maltrata porque tiene el poder, no porque sea más fuerte.

Un narcisista despreciará a quien le ame, y considerará que es muy inferior a él. Aspirará a alguien mejor, alguien que le permita vivir la fantasía de un amor ideal y llevar a cabo su propia fantasía amorosa, que siempre se está renovando y, por lo tanto, no puede lograrse nunca. Es incapaz de amar y cualquier relación girará en torno a él, manteniendo a varios adoradores en distintos estados de agotamiento para alimentarse de su adoración. No importa nada fuera de su esfera inmediata, y no duda en usar a otra persona, explotarla o herirla para sentirse mejor.

La caricia de Tánatos tiene una serie de historias que se entrecruzan según los diferentes personajes, donde se teoriza sobre que el mal tiene sus motivaciones y se adhiere a la conformación de la personalidad, generando desde el principio de una vida cambios, fases, altibajos, transformaciones, alternativas y problemas, donde se puede encontrar el quid de su comprensión sin que implique, ni mucho menos, que esa comprensión sea disculpable. Tenemos a nuestro lado a seres humanos malvados y no nos percatamos de ello, como no nos damos cuenta de las artes que emplean para hacer el mal. En esta novela no hay policías, investigadores ni delincuentes al uso que cometan crímenes sangrientos que hay que descubrir y aclarar, sino que nos adentramos en esa zona oscura y desconocida de la mente de los personajes y en las relaciones interpersonales entre ellos con la asignación de papeles de víctima o de verdugo con el trasfondo del maltrato psicológico en este volumen, para tratar el abuso infantil y la enfermedad mental que causa y la pedofilia, que son el nudo argumental de las otras dos novelas que conforman la trilogía.

El tema tratado en La caricia de Tánatos es lo más importante para mi gusto en la novela, pero el interés que me ha despertado su lectura ha sido consecuencia, por supuesto, de la forma de escribir de María José Moreno. Un lenguaje claro y conciso, con dos narradores en primera persona, Mercedes y Marcos, y multitud de diálogos. Yo que tantos libros leo, me parece que es la primera vez que me encuentro con una novela con tanta cantidad de diálogos, lo que hace que se lea con una agilidad asombrosa.

Y llegados a este punto, tengo que hacer mención especial de Marcos, el malo de la película, con el que la autora se ha lucido de manera impresionante, creando un personaje magnífico al que llegas a odiar con todas tus fuerzas y temer al mismo tiempo. Sólo con él, La caricia de Tánatos ya tendría razón de ser.

Muy buena novela donde no nos vamos a encontrar asesinatos ni asesinos al uso, sino hechos y actuaciones abominables cuyas consecuencias pueden ponerte los pelos de punta y crear en ti un gran desasosiego. Impresionante.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

lunes, 6 de febrero de 2017

Ful



Cuando se dice la frase de “tenemos que hacer algo”, y más en los ambientes lúmpenes de los extrarradios de una ciudad, pequeña, mediana o grande, en este caso la de Lérida, parece ser que la cosa no anda ya excesivamente bien. Esta frase es un signo de que a los que la dicen les va a marcar su destino. Un destino, posiblemente, muy poco esperanzador. Hay que hacer algo y pronto. Maldito lema de perdedores.
Ful, de Fulgencio, aunque bien puede ser una jugada de póker que no garantiza el triunfo o de que algo es chusco (que lo es), es un joven cercano a los cuarenta años que trata de salir de la pobreza y de la marginalidad con lo único que sabe hacer y conoce bien: buscarse la vida en su ciudad. Junto a sus colegas Jose, así sin acento, Jessi, Arturo y el Pelota, intentarán sacar la cabeza a flote y para ello Ful recurre a James para buscar una solución a todos sus problemas. Atracar a un traficante de drogas puede ser muy rentable ya que nunca podrá ir a la Policía a denunciar el robo. Pero a veces hasta los negocios, por muy buenos que parezcan, salen mal. Y éste va a salir muy mal al tropezarse con Salcedo, un capo de un cártel colombiano que manda a España a un sicario a impartir venganza, un hombre que no se ha criado en mansiones ni palacios, sino en una barraca maloliente y sucia que no deja de recordarle la desgracia de su niñez y cuyo poder, enorme, se rige por saber suministrar el miedo, grandes cantidades de miedo que hacen sucumbir al débil con una extrema crueldad con quien le engaña o le molesta.

En Ful, la última novela de Rafa Molero Rojo, viviremos con angustia las andanzas y contrariedades de unos criminales de baja estofa y nivel, unos “pringaos”, de escasa altura delictiva y pocas capacidades para dar un golpe que les haga salir de su mísera vida. Van a sentir como su vida se enreda hasta límites insospechados después de lo que parecía ser un robo efectivo y sencillo que sale rematadamente mal, abocándolos a una realidad mucho más peligrosa de en la que se encontraban que les obligará a buscar una solución endemoniada más complicada aún.

Giro absoluto pues en esta novela negra. Aquí todo está visto desde el punto de mira del delincuente y no se trata de descubrir a un asesino, sino de entenderlo, de comprender su comportamiento y de ver si son capaces de salvar la piel, de manera merecida o no.

Está claro que, desde el principio vamos a tomar partido por nuestros cinco protagonistas, con los que nos aliaremos en su huida desesperada hacia delante que, ingenuamente, quieren dar un último golpe para logar la salvación que les permita dejar de una vez por todas para siempre el mundo del hampa.

Vuelve a salir en esta novela un enorme poso social que subyace por debajo de la trepidante trama, donde se aspira conseguir el anhelo de lo posible para una gente que no ha tenido suerte al nacer donde ha nacido, ni las suficientes agallas para salir del entorno, como otros que si lo consiguieron.

Ful es un muchacho criado en el seno de una familia en la que siempre reinaron los malos tratos de un padre sobre una madre que acabó suicidándose arrojándose por una ventana de su casa, viviendo solo con su padre, el otro hermano cumple condena en el trullo, que se pasa la vida mirando por la ventana sin ninguna comunicación entre ambos; su amigo Jose, de carácter impulsivo y de dedo fácil para apretar el gatillo, tiene unas inclinaciones poco recomendables; Arturo es un pusilánime y un apocado que siempre está en desacuerdo con los demás; el Pelota, más joven que los demás, es un perdedor nato de carácter muy básico rozando la bobería que ha visto como un hermano murió en una refriega; y Jessi, una chica que si hubiera tenido otras oportunidades jamás la habrían visto por el barrio, sino en la tele o de la mano de una estrella del fútbol. Pero las oportunidades pasan en la vida como los trenes, de largo.
Ful es una historia de supervivencia, de unas perspectivas que se desean que estén pintadas con unos colores diferentes a los que decoran la zozobra y el fracaso, de una huida de allí como sea, aunque no sea de la manera correcta, sino equivocándose una vez más.

Rafa Melero Rojo escribe un canto a la amistad, al amor, al coraje y a la valentía en la vida donde sus personajes, todos, absolutamente todos, geniales, no solo desean dinero aunque se mientan a ellos mismos, a través de dos narradores: uno omnisciente en tercera persona y otro, en los capítulos de Ful, en primera persona, para que el lector vaya conociendo los hechos en el primer caso y los sentimientos y traumas del protagonista en el segundo, consiguiendo un excelente relato lleno de agilidad y adrenalina, concienzudamente encadenado donde las últimas palabras de los capítulos son el título del que le sigue a continuación, en el que humaniza a sus personajes, consiguiendo que empaticemos con ellos desde nada más empezar a leer. A todo esto, hay que añadir un final sorprendente que, para mi gusto, me parece todo un acierto por su originalidad y porque lo considero necesario para aclarar ciertos flecos que, sin él, supongo que quedarían muy en el aire y que así cobran toda su magnitud.

Me gusta la novela negra, pero con este tipo de argumentos me gusta aún mucho más. Por eso disfruto tanto con los “pringaillos” de Alexis Ravelo. Ahora ya tengo otro punto de referencia, un gran punto de referencia. Ful, de Rafa Melero Rojo, un tratado de cómo los pobres tienden a subsistir con lo que tienen y no desaprovechan las oportunidades que les da la vida, aunque esas oportunidades, en ciertos barrios, les llegan a muy pocos y, mientras unos las saben explotar, otros sólo pueden e intentan sobrevivir. ¡Qué fácil es quitar una vida! ¡Qué difícil es vivirla!

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega