martes, 3 de febrero de 2015

Epitafio de un asesino


En Volveremos a Macondo ya han aparecido las reseñas de En un rincón del alma y de As de corazones de Antonia J. Corrales, uno de mis grandes, si no el mejor, descubrimientos del año pasado. Me gustaron tanto estas dos novelas que me plantee que debía ponerme con los dos primeros libros de tan especial escritora aunque no fueran del mismo género a las mencionadas sino muy diferentes para descubrir la evolución de su autora.


He empezado con su primera obra, Epitafio de una asesino, publicada en 2005, y verdaderamente el estreno de Antonia J. Corrales no tiene nada que ver con lo que nos depararía años después con sus dos novelas intimistas publicadas hasta la fecha, aunque ya nos da una visión de su buen oficio. Epitafio de un asesino es una novela de intriga y suspense. Pero claro, ahora puede que alguno de vosotros estéis pensando en eso de otra novela de intriga y suspense. Pues no, Epitafio de un asesino es suspense en estado puro y hasta su última línea hay intriga donde se desvela parte de la trama. Vamos que no es una novela al uso.

Un escritor de novelas de suspense que le han dado una fama espectacular, Abelardo Rueda, descubre como los asesinatos que narra en su nueva novela aún inédita, están ocurriendo en realidad y se ve involucrado en una serie de crímenes que siguen escrupulosamente la trama de ésta, cuyo argumento solamente conoce él y, en parte, su esposa, Adela. Tras cada una de las muertes hay algo más que la barbarie de un asesino en serie y tras los anónimos que recibe, algo más que simples citas bíblicas. Los homicidios esconden un escalofriante secreto, una información a la que el escritor tuvo acceso tras sus investigaciones de historiador, lo que de verdad le satisface, sobre Felipe II y El Real Monasterio de El Escorial. Esa información, junto a un secreto íntimo, que no puede desvelar, hará que su vida dé un giro vertiginoso y nefasto, sumergiéndolo dentro de un laberinto infernal.

Esto último es la sinopsis comercial, pero Epitafio de un asesino tiene mucho más que evidentemente no voy a revelar para no destripar el libro en primer lugar, y porque, en segundo lugar, se convertiría en una reseña excesivamente larga, ya que en Epitafio de un asesino, Antonia J. Corrales juega con todos nosotros con giros inesperados escribiendo un puzzle con un engranaje perfecto en donde todo lo que ocurre no es nada de lo que parece ser y donde todo el mundo puede ser víctima y verdugo.

Epitafio de un asesino  podéis estar ahora suponiendo que es un libro atrayente, y la verdad es que engancha muchísimo después de un comienzo un tanto reiterativo donde se repiten mucho todos los personajes en sus diálogos. Pero de repente todo cambia y te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás y que has sido absorvido por un bucle trepidante que no te dejará apartar los ojos del libro, y si lo haces, porque necesitas en tu vida hacer otras cosas, en tu cabeza sentirás que no dejan de machacarte ideas y preguntas sobre la novela, deseando acabar con lo que estás haciendo para volver a ella. Es más, Antonia J. Corrales nos desvela la identidad del asesino cuando aún faltan un buen puñado de páginas para acabarlo, y entonces piensas: ¿qué nos va a contar ahora? Pues algo increíble va a suceder por difícil que pueda parecer. Entramos en la resolución de tantos personajes y subtramas que han aparecido hasta ese momento en un descenso a tumba abierta, imparable y apasionante hasta llegar a esa última línea en la que, como ya he dicho más arriba, se desvela parte de la trama.

Sí, Epitafio de un asesino es una primera novela, pero Antonia J. Corrales ya nos va poniendo sus cartas encima de la mesa demostrándonos que es una buena escritora que irá madurando para convertirse en una excelente escritora años después en su camino hacia la genialidad artística.



Me gusta mucho Antonia J. Corrales. Escribe muy bien, describe perfectamente y construye unos personajes, para mi su gran logro y especialidad, apasionantes, cercanos y creíbles. Y mira que en Epitafio de un asesino los personajes son odiosos, a cada cual más. Abelardo es un títere en manos de Adela, su mujer, que le lleva por donde ella quiere sin que a él le importe lo más mínimo, porque es incapaz de tomar una sola decisión por sí mismo por pura comodidad. Abelardo se dedica únicamente a escribir, aunque escriba sobre lo que le pida Adela. Adela solo se quiere a sí misma. Solo le importa vivir bien. Quiere conservar su posición y para ello será capaz de hacer cualquier cosa con el único objetivo de conservar su bienestar. Es una mujer muy inteligente y egoista, y ella es plenamente consciente de ello pero no le importa en absoluto porque es muy fría y materialista. El tercero en discordia, Arturo, es un engreído, un gilipollas, un mujeriego y un cabrón cuando hay un negocio por medio. Es muy rico y posee muchas empresas, aunque no le vamos a ver nunca trabajando. Los tres protagonistas nos van a contar la historia cada uno desde su punto de vista y cada uno con su suficiente dosis de maldad, acompañados por el grupo de secundarios, también perfectamente construidos por la pluma ágil y detallista de Antonia J. Corrales en esta historia en la que todos estarán sumergidos dentro de una pesadilla entre Madrid y su sierra, Santa Eulalia en la isla de Ibiza, el Monasterio de El Escorial y Santander.


Una gran novela novel como ya me suponía que lo iba a ser por las dos últimas escritas y publicadas por Antonia j. Corrales, que nos dice en unas de sus redondas frases que la cultura, el exceso de cultura, nos vuelve un tanto paranoicos y excéntricos a todos. Hay que tener cuidado con la cantidad de conocimientos que se adquieren, porque es tan peligroso como la carencia de ellos. Yo tengo que confesar, Antonia J. Corrales, mi locura más absoluta hacia tu persona y hacia tu obra y aquí, en mi blog, te digo mi obsesión por la aparición de tu nueva novela de la que has tenido la deferencia de hablarme. Mientras llega el esperado momento, me consolaré leyendo el libro que me falta de ti y releyendo tus dos últimas y maravillosas novelas. No me queda otra para aliviar mi mono.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

sábado, 24 de enero de 2015

Lo que el hielo atrapa


Pensé que la nueva novela de Bruno Nievas, Lo que el hielo atrapa, me iba a gustar y me he equivocado. Lo que el hielo atrapa me ha maravillado, encantado y atrapado en una historia apasionante que me ha llenado el cuerpo de sentimientos gracias a la maestría de este joven autor que, si ya en sus anteriores novelas y relatos había alcanzado cotas de gran literatura, consigue en su última obra su libro más ambicioso y logrado.

Ernest Shackleton en la expedición Nimrod (1907-1909), después de veintinueve días de marcha, consiguió llegar al punto más al sur jamás hasta entonces alcanzado por el hombre, a la latitud 88º23'S a menos de 180 kilómetros del polo y por debajo de la barrera de las simbólicas 100 millas. Pero el 9 de enero de 1909 dio por terminada la marcha a tan solo 97 millas del Polo Sur, colocando la Unión Jack y bautizando la meseta antártica con el nombre de Eduardo VII del Reino Unido. ¿Pero por qué decidió regresar estando tan cerca de la meta? Shackleton decidió regresar, a tan solo unos días de conseguir alcanzar su objetivo, para que todos los hombres a su cargo pudiesen volver con vida.

A su regreso a Inglaterra como un héroe comunica su decisión de volver a intentarlo en una próxima expedición. Pero se le adelanta Robert Scott, su rival, con la expedición Terranova (1910-1912), donde logró alcanzar el Polo Sur el 17 de enero de 1912, pero solo para encontrarse que los noruegos de Roald Amundsen lo habían hecho cinco semanas antes: Scott y sus hombres fallecieron congelados en el viaje de regreso.

Scott y Shackleton ya habían coincidido en la expedición Discovery (1901-1904) que les llevó a alcanzar la latitud 82º17'S, a unos 850 kilómetros del polo y pararon ahí porque Shackleton enfermó, cosa que nunca fue perdonada por Scott que siempre le consideró el motivo de su fracaso.

En agosto de 1914, Shackleton, tras haber fracasado pues en los dos intentos de alcanzar el Polo Sur en los que se embarcó, intenta reunir los fondos para llevar a cabo la única gesta que quedaba por realizar: atravesar la Antártida. No obstante los rumores del inicio de la Gran Guerra son cada vez mayores y parece que la expedición está condenada antes de partir, aunque Winston Churchill la termina autorizando.

Esta última expedición romántica, bautizada con el nombre de expedición Endurance, es la que Bruno Nievas nos va a contar en Lo que el hielo atrapa. Shackleton quería atravesar a pie de norte a sur la Antártida, ese continente muy poco conocido, inhóspito, con el peor clima del planeta, corrientes marítimas y el peor enemigo, la placa de hielo. Y lo hacía sabiendo por experiencia propia que por debajo de los 40º de latitud sur no hay ley, y que por debajo de los 50º, ni siquiera existe Dios. La Antártida, esa tierra donde las temperaturas en invierno pueden bajar de los 70º bajo cero y en verano la media es de menos 30º; donde si se vierte agua desde un cazo, cuando llegue al suelo estará congelada; donde el viento puede superar los 300 kilómetros por hora y cada dos kilómetros por hora de velocidad del aire equivale al descenso de un grado de temperatura, con lo que vientos de 40 kilómetros por hora, los habituales, congelan la piel en minutos. James Cook, el famoso navegante británico del siglo XVIII, ya dijo que la Antártida no era tierra para el hombre. Es una tierra helada e inhóspita, toda llena de hielo, nieve, icebergs, tormentas, pero también llena de una belleza inusitada y desconocida. Ballenas, focas, orcas, pingüinos y cientos de especies de aves llenando de vida un entorno que es más de lo que aparenta. La Antártida parece un lugar yermo y monocromo pero en realidad posee muchos matices y está llena de vida.


En el buque Endurance se embarcarán para la aventura veintiocho hombres y una mujer, Zara Foley, que huye de la Justicia y de la policía de Londres que la busca por haber matado a un hombre en defensa propia y que huye de la miseria, del hambre y del cadalso.

Vamos a conocer y emocionarnos con la magistral pluma de Bruno Nievas a estos hombres históricos que quedaron atrapados por el hielo, que estuvieron cuatrocientos días sin pisar tierra firme ciento sesenta a la deriva en una placa de hielo, siete navegando en botes abiertos, verdaderas cáscaras de nuez, por el terrible Atlántico Sur, y los dos últimos sin agua. Vamos a asistir a diecisiete días de navegación angustiosa a bordo del pequeño ballenero James Caird para recorrer las 800 millas que separan la isla Elefante de la isla Georgia del Sur, y vamos a asistir con el corazón encogido a la travesía que, después de recorrer 1.500 millas llenas de peligros por las traidoras grietas, voraces orcas, temibles serpientes marinas, hambre y frío que congela los huesos, después del hundimiento del Endurance, van a tener que recorrer a pie 35 kilómetros en treinta y seis horas, atravesando el interior de Georgia del Sur, explorando un territorio que antes nadie había pisado, para poder salvar la vida de veintinueve personas.



Vamos a conocer a una serie de personajes inolvidables como son Wild, Worsley, Crean, Orde-Lees, McNish, Hurley, Macklind, Hussey, Blackborow, Hudson, Greenstreet, Bakewell, McCarthy, Howle, Green, Mcllroy, Vincent ... y sobre todo a los verdaderos protagonistas de la novela, Shackleton y Zara. Unos personajes que se nos harán muy cercanos, llenos de sentimientos, de superación y de optimismo frente a tanta adversidad, en una historia que nos recuerda a esa increíble Mobby Dick en una de las gestas del hombre mas fascinantes del siglo XX transformada en una aventura que nos mantendrá leyendo sin aliento, gracias a la narrativa clara, precisa y sin descanso de Bruno Nievas.


Lo que el hielo atrapa es un libro bellísimo, emocionante, apasionante, que no te da ninguna tregua, que te mantiene en vilo constantemente durante toda su lectura, que te engancha desde el principio y que te hace llorar al final de emoción. Lo que el hielo atrapa es un libro con el que Bruno Nievas nos vuelve a reconciliar con el ser humano y nos descubre una naturaleza impresionante que nos demuestra que aunque nos creamos dominadores, la única ley natural que existe es que en realidad no somos nada, dentro de la naturaleza, con unos diálogos brillantes y preciosos. 

En Lo que el hielo atrapa, Bruno Nievas escribe una absoluta Odisea moderna con un Ulises excepcional, Shackleton, un auténtico líder obsesionado por descubrir y explorar lo inexplorado hace solamente cien años. Un líder que nunca tuvo una palabra de desánimo para sus hombres que se enrolaron en la aventura al leer un anuncio que decía que se buscaban hombres para viaje peligroso, sueldo bajo, frío extremo, largos meses de total oscuridad y escasas posibilidades de regresar con vida, pero que él les condujo por ese camino de baldosas amarillas hacia conseguir el tesoro de la gloria. Un auténtico líder que mantuvo siempre alta la moral de sus hombres porque para él lo importante es lo que les arenga diciéndoles que siempre habrá una hazaña que realizar y que ahí estará siempre él con los mejores hombres para regresar todos con vida porque esa es la promesa que les hace al decirles también que vaya donde vaya, regresará siempre con todos ellos. Y como es un hombre de palabra, lo cumple con ese impactante discurso que les dirige: "Hemos sufrido y hemos pasado hambre. Nos hemos arrastrado, nos hemos aferrado a la gloria, hemos visto a Dios en Su Esplendor, y, sobre todo, hemos escuchado el texto que nos brinda la naturaleza. A través de este camino, arduo en el hielo ... hemos llegado al alma desnuda del hombre".Una fantástica novela de aventuras escrita fantásticamente por Bruno Nievas. Un canto al heroísmo y a la naturaleza que Bruno Nievas nos regala para que tengamos el libro siempre muy cerca de nosotros. Una auténtica maravilla que nadie debería perderse. Una historia que nos atrapa en una vorágine emocionante, porque ya se sabe que Lo que el hielo atrapa, el hielo se lo queda.



©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

viernes, 16 de enero de 2015

Indivisa Manent


¿Quieres saber cómo empezó todo? ¿Quieres saber qué ocurrió horas antes de que Augusto Ledesma abriera la puerta del Zero Café la noche del 11 de septiembre de 2010 y se diera de bruces con el vídeo de The Cranberries, Promises?

Poco después Augusto, saboreando su segundo gin tonic de Hendrick's que le había servido Luis, y sentado en los sillones de piel situados frente a la barra, se fijó en Marifer cuando bajaba las escaleras del servicio después de que se pusiera una raya que no sería la primera ni la última de la noche, esa noche que si que sería la última de su vida pues en unas horas sus grandes ojos negros y brillantes se apagarían para siempre.

Antes de esa noche que marca el banderazo de salida para la enorme trilogía de César Pérez Gellida, Canciones, versos y trocitos de carne, Augusto Ledesma nos cuenta que el 10 de septiembre de 2010, se encuentra podando un bonsái en su casa del barrio de Covaresa de Valladolid cuando se iban a cumplir dos años desde que sus padres adoptivos fallecieron en un desgraciado accidente de automóvil volviendo de Redipollos, y es en ese momento cuando decide ponerse en marcha, rompiendo con su pasado, para realizar su obra.

Nos habla de sus falsos amigos a los que lleva sin ver desde hace una larga temporada porque ninguno de ellos le interesa una puta mierda, mientras baja en un taxi hacia el centro de Valladolid, camino del Zero Café.

Al día siguiente, 11 de septiembre de 2010, se despierta con un tremendo dolor de cabeza y recuerda la madrugada cuando conoce a una chica a la que llama Afrodita con la que, en la casa de él, follan como dos desconocidos, con esa pasión opuesta al impuesto compromiso. 

Recibe una llamada de teléfono y decide tras la conversación que es el Memento mori, y cuando ha anochecido ya en Valladolid se encuentra caminando como un autómata por la calle San Blas en dirección al Zero Café, siguiendo su particular camino de baldosas amarillas, mientras planifica lo que va a ser su vida a partir de ese momento con su poesía, Afrodita, en el bolsillo.

Abre la puerta y se da de bruces con el vídeo de The Cranberries, Promises, mientras se va adentrando en el bar, gritando las primeras estrofas con el brazo derecho levantado en alto para encontrarse con su destino cuando empiece a sonar La sirena varada de Héroes del silencio y se le ponga la piel de gallina.

Genial y potente César Pérez Gellida como siempre en este spin off titulado Indivisa Manent que nos demuestra que es tan grande y buena la trilogía que, para nuestra fortuna, no acabó con el final de Consummatum est y que podremos seguir disfrutando con cada uno de sus personajes durante mucho tiempo.

Puedes descargarte, yo te lo aconsejo encarecidamente que lo hagas, este pequeño relato en amazon.es por tan solo 0,94 euros.

Nota importante: No se te ocurra leer Indivisa Manent antes de haber terminado Memento mori y Dies irae, pues este relato contiene información trascendental que desvelan uno de los aspectos fundamentales de la trama.


©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

martes, 13 de enero de 2015

Ofrenda a la Tormenta




Llueve sobre Baztán. Cae muchísima agua para cerrar el círculo de la trilogía de Dolores Redondo con Ofrenda a la tormenta. La Diosa Mari aguarda su sacrificio.


Solamente ha pasado un mes desde el traumático final de Legado en los huesos cuando una mujer denuncia que la muerte súbita de su nieta, oficialmente una muerte de cuna, le parece sospechosa tras el comportamiento extraño del padre de la niña, que ha sido detenido cuando intentaba robar el cadáver pronunciando palabras inconexas. Por el estado en que se encuentra el cuerpo del bebé parece que se trata de un asesinato, lo que lleva a Amaia Salazar y a su equipo de la Policía Foral de Navarra a investigar casos parecidos de muertes de cuna con demasiadas irregularidades que se produjeron en el valle en el pasado, en una investigación que va a cerrar ese círculo que se empezó con El guardián invisible, continuó con Legado en los huesos y finaliza con esta Ofrenda a la tormenta, donde conoceremos por fin  el origen del mal, del dolor y de la situación trágica que puso en marcha las fuerzas mitológicas imperantes en el valle y que llevaron a Amaia Salazar a volver a su lugar de nacimiento para resolver los crímenes que sembraban este idílico lugar.

Es muy difícil de escribir la reseña de Ofrenda a la tormenta ya que es casi imposible no decir algo que desvele cosas importantes de la trama, pero está claro que esta tercera entrega no defrauda como tampoco lo hicieron sus dos predecesoras. Vemos en ella a una inspectora Amaia Salazar con muchísimas más dudas y más angustiada como absoluta protagonista de la novela, aunque más solitaria y pensativa. Los otros personajes quedan más difuminados y no tienen tanto peso aquí, aunque en ningún momento dejan de ser geniales.

Se respira en Ofrenda a la tormenta un miedo sórdido, un frío insoportable lleno de lluvia, niebla, nieve y oscuridad, una mezcla de realidad y fantasía con la mitología ancestral y atávica del bosque en el que las tradiciones del pasado se heredan en el presente en una vorágine de horror y mal. Y todo dentro de ese paisaje paradisiaco del valle del Baztán donde el río es testigo mudo de todo lo que pasa en una sociedad matriarcal educada en un mundo mitológico que aún sigue vivo en el valle, dentro de una investigación policial apasionante, donde se pueden hacer crímenes rituales como sacrificio basados en unas creencias causantes de situaciones tan monstruosas.

Después del Basajaun y del Tarttalo ahora es el momento del Inguma, un perverso demonio de la noche que asfixia a los niños pequeños mientras duermen para beberse su aliento. Todo esto es el verdadero valor del libro, pues esa creencia religiosa no debe ser tomada a risa mientras haya alguien capaz de matar o morir por creer en una cosa que parece magia pero que en estos lugares del valle se vive como una religión que se transmite de madres a hijas.

Pero todo esto no es nuevo. La fe es poderosísima. Puedes no creer en ella, pero hay gente que sí lo hizo en el pasado y muy posiblemente lo sigue haciendo. Como dice Dolores Redondo, en Baztán se tiene la creencia de que lo que todo tiene nombre existe, y si se puede matar en nombre de ello, pues se mata.

Una gran trilogía de la que soy incapaz de decir si una novela es mejor que otra pues a mi me han parecido excelentes las tres. Dolores Redondo nos ha hecho pasar dos años fantásticos. 

La Diosa Mari, la Anbotoko Dama, Bideko Ematze Xuria o Arpeko Saindua, Reina de la Naturaleza y de todos sus componentes, diosa de la justicia, defensora de la honradez y muy severa con la injusticia, que desprecia y castiga el mentir, el robar, no cumplir la palabra dada, no respetar a las personas y la arrogancia, que anuncia su llegada y presencia con una tormenta, tiene que estar orgullosa de esta magnífica ofrenda que le ha hecho Dolores Redondo.



©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

viernes, 2 de enero de 2015

El síndrome de mamá osa




Si a una osa le intentas arrebatar a su cría recién nacida, se defenderá con todas sus fuerzas que, aunque yo no sé como serán afortunadamente para mi integridad personal a la cual aprecio en gran medida, supongo que serán muchas.


Luz Bartivas en su primer libro, El síndrome de mamá osa, nos cuenta esa aventura apasionante que es tener un hijo y que comienza ya antes de conocerlo y tenerlo entre sus brazos y que transcurre a lo largo de muchos años.

Luz Bartivas nos enseña como en una madre se despierta de forma inmediata el instinto de protección hacia su hijo, el cual va a acompañarla siempre como si fuera una verdadera osa.

Pero además de ese instinto de protección a su osezno u osezna, mamá osa y, por qué no, papa osezno, recorrerán un periplo lleno de innumerables situaciones, vivencias, alegrías, desconciertos, dudas, temores, ilusiones y preocupaciones, que a veces no vamos en un principio saber afrontar y que nos superarán, aunque con el tiempo y la práctica respiraremos al descubrir que son acontecimientos cotidianos muchas veces intrascendentes.

Luz Bartivas hace en El síndrome de mamá osa ese recorrido apasionante desde sus comienzos. Asistimos al nacimiento del hijo y los primeros terrores de una mamá novata, los primeros años, el drama de llevarlo a la guardería y separarse por primera vez de él, el primer colegio, el salto a Primaria, la llegada del hermanito y vuelta a empezar cuando todo empezaba a ir ya sobre ruedas, el paso a Secundaria y el horror al Instituto por los padres, y el aterrizaje en la adolescencia.

¿Es El síndrome de mamá osa un tratado sobre esa aventura que es la maternidad? Pues si, claro que si. Además Luz Bartivas sabe  y conoce en sus propias carnes de lo que habla por su condición de madre y por su experiencia de muchos años en Asociaciones de Padres de la Escuela Pública. Pero no es un tratado ni tomista ni escolástico infumable y aburrido porque Luz Bartivas lo llena de momentos divertidos que salpican la lectura de tema tan serio e importante. Momentos que nos hacen pensar y sonreír, cuando no desternillarnos a carcajadas como me ha ocurrido a mi, con esas situaciones que la autora describe de fiebres, cacas, mocos, cólicos, abuelas, cuñadas, vecinas, amigas, la teta al aire, percentiles, eructos,celos de papá oso, parejas sin hijos, guarderías, uniformes escolares, elección de colegio, tacos, graduaciones, deberes, profesores, actividades extra escolares, regalos a la profe, institutos, fracasos escolares y adolescentes cargados de hormonas a punto de explotar.

Luz Bartivas engancha con su escritura y nos hace disfrutar. Tiene una forma de escribir clara, sencilla y coloquial. Luz Bartivas escribe muy bien, y no lo digo porque sea amiga mía sino porque yo siempre digo lo que me da la gana y ahora quiero decir esto porque así me lo parece y ha demostrado con este libro.

Es Volveremos a Macondo un blog dedicado a la narrativa y aunque El síndrome de mamá osa no sea una novela, está plagado de giros que te hacen leer sus páginas como si lo fuera. Un libro espontáneo y muy divertido que nos cuenta cosas muy serias como lo de que al colegio y al instituto se lleva a los hijos a que reciban una enseñanza, pero que está en manos de los padres la educación de ellos para que lleguen a hacerse independientes y sean trabajadores, inteligentes, solidarios, empáticos, justos y amables; en definitiva, unas personas buenas que merezca la pena conocer y de las que nos sintamos orgullosos y deje en ellos esa estela como ser humano solidario.

Luz Bartivas se estrena con un libro bonito como es El síndrome de mamá osa. No vamos a echar la culpa a nadie, nada más que a ella. Como buena mamá osa seguro que pronto nos engendra y pare otro gran libro.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

viernes, 26 de diciembre de 2014

Sin luz al final del túnel




No cabe ninguna duda de que Bruno Nievas es un tipo con una imaginación desbordante y desbordada. Además, como seguidor acérrimo de las redes sociales (ha sido nombrado en Twitter quinto almeriense más influyente en el reino del pajarito azul), tiene muchos seguidores y a alguno lo conoce personalmente.


Y hete aquí que hablando con uno de ellos por teléfono, director de cine para más inri, charlan sobre la idea de éste de rodar una historia basada en una máquina que captara los sueños de las personas y los almacenara para poder verlos después, y le pide a Bruno Nievas si podría él escribir un relato breve al respecto.

Y ahí es donde explota esa imaginación y creatividad de Bruno Nievas para regalarnos una novela corta de apenas cien páginas pero totalmente impactante como es Sin luz al final del túnel.

Richard Anderson es un escritor norteamericano que se ha hecho muy famoso con una serie de novelas que se venden en todos los puntos del planeta y que han sido la base para la realización de una famosísima saga de películas protagonizadas por su personaje, el agente secreto de la CÍA, tan inteligente como cruel, Michael Bailey.

Richard Anderson ahora es muy famoso y gana mucho dinero, pero sus comienzos fueron muy difíciles y todas las editoriales le rechazaron sus primeras novelas, aparte de que en su adolescencia, debido a un accidente, pasó una larga temporada en coma y al despertar de él tuvo que someterse a penosos tratamientos psiquiátricos. La verdad es que es un mediocre escritor que no tiene ninguna imaginación y que basa sus increíbles historias en lo que sueña al dormir. Esos sueños los puede almacenar gracias a una revolucionaria máquina que los graba cuando se están produciendo. Richard Anderson ha decidido que en su última novela que está a punto de terminar de escribir, va a matar a su protagonista, Michael Bailey, en la última escena. Y ahí comienza su pesadilla de la que va tener muy peliagudo poder salir con vida.

Comienza la vorágine y la tensión donde nada es lo que aparenta parecer, consiguiendo Bruno Nievas jugar con el lector que no va a lograr saber nunca si lo que está leyendo en ese momento está sucediendo en realidad o es una situación onírica. ¿Sueña Richard Anderson? ¿Vive en realidad Michael Bailey? ¿Quién es el causante de tanto crimen? ¿Vivimos en un círculo vicioso que nos desconcierta?

En Sin luz al final del túnel, pese a su brevedad, ocurren muchas cosas, llegando Bruno Nievas a escribir un relato perfecto lleno de acción, humor, tensión y suspense donde todo puede ser aunque seguramente no sea pero puede que si, y, además, escrito con una gran calidad a través de una prosa cuidada y clara que te atrapa por completo desde la primera página.

Para ello, Bruno Nievas homenajea a un tipo de películas de acción con guiños geniales a series, libros y videojuegos que van apareciendo y es una delicia ir descubriendo según vas avanzando en la lectura de Sin luz al final del túnel (genial ese psiquiatra con nombre de gran escritor como es Katzenbach y de su estupenda novela con el título de la profesión que este personaje ejerce).

Bruno Nievas es una persona polifacética. A su profesión de médico pediatra, se le une su afición por los videojuegos, los ordenadores, la tecnología y los medios de comunicación. En sus novelas todo ello se nota, además de saber escribir muy bien.

Bruno Nievas es también por lo que creo una persona agradecida con su Editorial B donde publica sus libros, con sus colegas y amigos Juan Gómez-Jurado y Manel Loureiro, y con sus lectores a quien nos hace verdaderos causantes del éxito de un libro que solo vive a través de nosotros. Por ello Bruno Nievas escribe y nos ha regalado sus historias fantásticas como Realidad aumentada, Holocausto Manhattan y esta Sin luz al final del túnel.

Yo como también me considero una persona agradecida, bendigo la hora en que Bruno Nievas se decidió a comprar ese programa informático y se lanzó a escribir historia magníficas, mientras espero con ansiedad que llegue el 21 de enero de 2015 que aparecerá su nueva novela, Lo que el hielo atrapa, para poder tenerla entre mis manos y volver a poder alcanzar horas de gran diversión.

¿Acaso importa si estamos viviendo un sueño, una experiencia irreal? Lo que importa es leer a Bruno Nievas. Cuando lo hayas hecho, te lo agradecerás siempre.


©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

martes, 9 de diciembre de 2014

En un rincón del alma


Me gustan los libros donde se lean los sentimientos y leer a Antonia J. Corrales es llenarse de sentimientos. ¡Es tan hermoso sentir! ¿Es tan hermoso leer a Antonia J. Corrales!


Hace unos días leí una nota de Antonia J. Corrales y me emocionó tanto que decidí adelantar la lectura de En un rincón del alma. Jimena es una mujer que no tuvo una infancia especialmente feliz por lo que decide abandonar su casa paterna en el pueblo hacia la gran ciudad en busca de esa felicidad tan anhelada. Se casa con Carlos, un hombre que solo busca el ascenso social. Jimena es "una mujer solitaria y muda como las que se esparcen como flores marchitas por los confines del mundo". Jimena es una mujer de agua.

Cansada de una vida decepcionante en una urbanización de chalets adosados, aburrida y clasista, y abandonada por su marido que solamente va a casa para dormir algún día, decide por una promesa huir de allí, dejando a su familia y viajar hacia Egipto.

Me gustan los libros epistolares y en En un rincón del alma se cuenta la vida de Jimena a través de una carta que ésta escribe a su madre durante ese viaje para que por fin conozca lo que de verdad es, porque Jimena ha llegado al límite y ya no necesita nada en su vida, se ha cansado de aguantar, de luchar, de buscar un instante único entre ella y su marido que la emocione, que la emocionase.

Me gustan los libros que te hagan viajar a esos libros y canciones que te han emocionado cuando llegaron a ti y te cambiaron la vida, y en En un rincón del alma aparecen Cien años de soledad de García Márquez, El rodaballo de Günter Grass, Alfonsina y el Mar, y la canción de Alberto Cortez que da título a la novela.

Me gustan los libros con símbolos y en En un rincón del alma aparecen muchos símbolos aparte de su ya famoso paraguas rojo.

Me gustan los libros con personajes vivos y En un rincón del alma está llenos de ellos, aunque para mí mi preferido sea Juanillo, el hermano de Jimena, al que su padre en su lecho de muerte le dice la frase más bonita, más sentida y más sincera que he leído en mucho tiempo decir un padre a un hijo.

Me gustan los libros que como una matrioska rusa encierran dentro de sus páginas pequeñas historias como la de Jimena niña con los Reyes Magos y su preciosa muñeca Cara de patata.

Me gustan los libros que te lleven a lugares y te pongas a buscar como un loco fotografías de ellos para ayudarte a trasladarte con la imaginación a ellos.

Me gustan los libros con finales inesperados y me gustan los libros bien escritos. Y Antonia J. Corrales convierte con su pluma las palabras en magia con una prosa cuidada, sencilla y clara que te llega a flor de piel.
Me ha gustado, y mucho, En un rincón del alma como me gustó As de corazones. Y me gusta mucho Antonia J. Corrales, que como dice Don Alonso Quijano a su fiel Sancho no le importa que se rían porque a ella le queda la gloria de haberlo intentado, salvo que no solo lo ha intentado, sino que lo ha conseguido plenamente.

Ha conseguido emocionarme con sus escritos y, como ya he dicho antes, este En un rincón del alma ha venido a mi por una nota que escribió ella y leí hace unos días que me llegó tan dentro que me voy a atreverme, querida Antonia J. Corrales, a decirte que tu ya escribiste la clave a lo que ponías allí en este libro: "Nada muere, todo se transforma. Ella estará siempre a tu lado. ¡Siéntela! Solo tienes que sentirla...", mientras nosotros, tus lectores, le estaremos eternamente agradecidos por habernos regalado a esta pedazo de escritora.




©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega