Mostrando entradas con la etiqueta Alexis Ravelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alexis Ravelo. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de abril de 2017

Los milagros prohibidos



Querido Alexis Ravelo:
Ahora que acabo de terminar la lectura de tu última novela, Los milagros prohibidos, me viene a la memoria la nota personal que te envié cuando leí tu joya La otra vida de Ned Blackbird. En dicha nota te confesaba que al comienzo de la lectura echaba de menos a tus pringaíllos, aunque reconocía que el mejor Alexis Ravelo ya se encontraba dentro de sus páginas y te pedía encarecidamente que continuaras haciéndonos disfrutar y conmovernos con tu prodigiosa forma de narrar.

Tú, amable como siempre, me contestaste, hace ahora de ello unos once meses, que siempre tienes mucho miedo de que el libro funcione, de que llegue a su lector, y que en este caso ese miedo era aún mayor, no sólo por el cambio de estilo, sino por el desenlace epistemológico-metafísico, que no sabías si iba a entenderse, a interesar, en último término, a gustar. Terminabas que sigues siempre aprendiendo y que cada novela es una reválida, prometiéndome que tus mataíllos, volverían.
Y ahora termino tu nuevo libro del que en ese día me contabas que te estabas peleando con 280 páginas de un borrador sobre la guerra civil que no acababa de gustarte y que pudiera ser que en un par de años saliese de ahí una novela.

Ahora, después de terminar de leer Los milagros prohibidos, querido amigo, me pregunto qué en esos días no terminaba de gustarte en esta novela que, afortunadamente, no hemos tenido que esperar dos largos años para poder disfrutarla. Y de qué manera.

¡Qué emoción leyendo tu nueva novela! Volver a disfrutar de tu maestría en otro escenario inédito para tu literatura como es la guerra civil en tus amadas Islas Canarias. Ese épico duelo entre los dos protagonistas masculinos, la ignominia en un espacio tan reducido como es la isla de La Palma, donde unos pocos kilómetros de distancia se convierten en una separación infinita, la vileza del cruel falangista, odioso y machista, que se quiere vengar de un hombre al que ni siquiera conoce por el mero hecho de haber sido rechazado por una joven mujer...

Los personajes de Los milagros prohibidos son estereotipos. Agustín Santos, el maestro de Puntallana, que se tiene que tirar al monte para huir de la canalla horda falangista que quiere hacer un genocidio con todos los que no piensan como ellos, representada por Floro, el Hurón que tiene la habilidad de cazar conejos siguiendo su rastro con paciencia infinita igual que se ha convertido de la misma manera en cazador de hombres. Y Emilia Mederos, la sonrisa de sus labios y el rayo verde de su mirada donde conviven el movimiento del mar y el cielo interminable del desierto. La cultura frente a la cerrilidad fascista; el amor frente al odio. La noble valentía frente a la bronca borracha; la valentía del que lucha por sus ideales de justicia, igualdad y solidaridad con la palabra sin querer usar una pistola frente al animal, chulo y camorrista, que lucha porque no admite que nadie le prive de lo que desea. Y en medio de todo ello, el miedo y la injusta canallada y la crueldad sobre los que querían un mundo más justo, pensando que se lo iban a comer y el mundo se los estaba comiendo a ellos.

Pero el miedo con esperanza. esa esperanza inútil como la que tiene el que es obligado a cavar su propia tumba porque mientras cava está vivo y se agarra al clavo ardiendo de que mientras lo haces ellos sólo se están burlando para torturarte un poco más; la esperanza de que luego te digan de que acabó la broma y te vuelvan a llevar al calabozo. Pero no existen ni los clavos ardiendo donde aferrarse ni los milagros que te salven porque hasta eso prohibieron con su odio que empezó un fin de semana en medio del verano, cuando el tiempo de las chicharras y los sirocos, cuando ni una nube ni un pizco de aire se movía para convertirse en un gélido y terrorífico invierno que duró cuatro décadas, para que los que lo sufrieron desde su principio sintieran la nostalgia de un tiempo en el que habían sido felices sin, quizás, llegarlo a advertir hasta que el huevo de la serpiente eclosionó; un tiempo que para ellos ya jamás volvería ocurriera lo que ocurriese.

La valentía y el coraje de unos que para salvar sus vidas y sus ideales huyeron al monte con entereza y arrojo frente a la infidelidad, maldad ruin e indecencia de los traidores al pueblo que los querían extirpar y segar sus vidas como se extirpa y se siega la mala hierba. El valor del débil frente a la cobardía del fuerte que tenía la rabia metida en el cuerpo porque los de arriba, los de siempre, los azuzaba como a perros para ir a por mucha gente honrada y que, muchos, se vistieron con la camisa azul por pusilanimidad para disimular porque esos de arriba son capaces de cualquier cosa y vistiendo el uniforme falangista y desfilando, pareciendo matones que olvidan su cobardía bajo los efectos de una botella de brandy barato, para que a ellos no les pasase nada.

El orgullo del que nada tiene frente a la vileza del que se cree en la posesión de la única verdad en un mundo en el que no puede habitar quien no comulgue con sus ideas, sin darse cuenta de que primero fue el hombre. Primero fue la ignorancia. Primero fue la endogamia. Y la agonía de saber que entre el mar y los volcanes no había nada que no perteneciese en primer o último término a las contadas familias a quienes había pertenecido todo aquello desde siempre que sirviese para vivir o buscarse la vida. Primero fue la ignominia. Y el privilegio y el oprobio y la ira contenida en los ojos de hombres que no se atrevían a alzar la vista al paso de los lujanes, los sotomayores, los sotoseñores, los escrotosmejores, los caciques inmundos y prepotentes paternalistas; los ojos de hombres cuyas manos labradas hubiesen podido romper cabezas y abrir gargantas, pero hubieron que tragar los sapos de la desigualdad en la tierra más fértil donde ya todo tenía dueño salvo la miseria. Y ésta sí, la miseria, ésta si fue repartida a todos los que no llevaran galones o alzacuellos o cédulas con tres apellidos. Y después de repartida la miseria, aún sobró. Siempre hubo miseria para repartir, porque la esperanza sí, pero la miseria nunca se acaba.

¡Qué libro tan bello, Alexis Ravelo! Qué libro tan valiente y tan bello, que homenajea a todos aquellos que, sin estar obligados a nada, lucharon por la libertad y la igualdad sin estar obligados a meterse en esos líos, ni arriesgarse de aquella manera, y que lo hicieron porque creían en la justicia, en la lucha contra la infamia, en un mundo mejor. En realidad lo hicieron por el futuro y por los demás. Lo hicieron por todos. Lo hicieron por ti.

Qué orgullo y qué emoción en esos pasajes de absoluto terror ante la dignidad de quien dice que no habló, que no les dijo nada, que se meó de miedo, se murió de rabia, de dolor y de impotencia, pero no habló, no dijo nada a quienes le torturaban, no habló.

Que personajes tan fantásticos, Alexis Ravelo, que has creado para tu Los milagros prohibidos. Todos, absolutamente todos. Y qué final tan impresionante que te llena los ojos de lágrimas de emoción al recordar tanta humillación que a unos les jodió su niñez, su juventud y su vida entera y a tres generaciones les marcó con la vergüenza y la represión hasta que el dictador asesino murió en su cama.

Y, para terminar, qué grandeza en tu escritura, Alexis Ravelo, con esas expresiones de tu bello rinconcito al lado de África y esos capítulos que tú, de forma esplendida titulas como Memoria para que no nos olvidemos nunca del horror y así nunca más se vuelva a repetir. Quedo subyugado ante tu nueva obra maestra que es Los milagros prohibidos. Han vuelto, como me prometiste, tus mataíllos, pero estos son, sin desmerecer a los de tus novelas negras, muy grandes y muy dignos ejemplos a seguir en tu novela quizá más negra de las que hasta ahora has escrito.

Sólo me que queda una duda de nuestra conversación de junio de 2016 y es que qué no terminaba de gustar de esas 280 páginas con las que luchabas por entonces. Has escrito una novela genial, valiente y maravillosa. Claro que de ti ya nada puede sorprender por muy difícil que nos lo pongas.

Un abrazo muy fuerte desde este rincón de la inmensa meseta, querido amigo.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

sábado, 2 de mayo de 2015

Las flores no sangran


Para Mamen Romero Muñoz, fiel seguidora de mi blog, lectora incansable y, sobre todo, amiga. Tenemos tantas cosas en común que hasta leemos los mismos libros a la vez sin que lo sepamos.

Volveremos a Macondo prácticamente se estreno con una reseña de una novela de Alexis Ravelo, La última tumba. En ella decía que este autor era un grande del genero grande de nuestro país. Después vino la lectura de La estrategia del pequinés que confirmaba plenamente lo dicho. Y ahora he disfrutado de su nueva obra, Las flores no sangran, y ya tengo que decir que Alexis Ravelo es uno de los pilares de la novela negra de España y, seguramente, uno de los pilares más firmes.

Las flores no sangran es una novela bellísima. Una novela excelente que para los que se estrenen en este género ya no podrán soltarlo aunque seguramente cuando lean otras tendrán la sensación que les sabe a poco después de la lectura de ésta.

¿Qué es lo que tiene la novela negra para convertirse en fenómeno de masas? Para mi algo tan sencillo y, paradójicamente, complicado de ser catalizadora de la descripción de los horribles males de nuestro tiempo con un descomunal poder y una amarga competencia pues el mundo criminal atesora todas las normas vitales retratando la suciedad, deshonestidad e impudicia que nos envuelve a través de esos personajes marginales y fracasados que tan extraordinariamente dibuja Alexis Ravelo.

Una vez leí a Petros Márkaris, otro grande de la novela negra con su comisario Jaritos, que los autores europeos tenían que tener la valentía de escribir sobre estos tiempos tan penosos que nos ha tocado vivir para poder entender lo que pasa y así poder luchar ante tanta corrupción, y Alexis Ravelo tiene esa valentía y maestría para enseñarnos el lado más oscuro por el que se mueve la sociedad actual con una narración donde se siente el rencor, la inquina y el resentimiento con grandes dosis de humanidad y maldad revoltosa describiendo con su perfecto e impactante lenguaje de la calle que te golpea en el estómago y con unos diálogos geniales y ágiles  la vida que el conoce muy bien de su ciudad, Las Palmas, y de su isla, Gran Canaria, que en sus novelas no son ni tan idílicas ni tan afortunadas.

Unos ladronzuelos, carteristas y timadores de poca monta deciden embarcarse en un crimen idiota como es un secuestro exprés en una isla. Un crimen tan idiota como puede ser el atraco a una comisaría o a un banco de semen, Un crimen absolutamente absurdo, el más absurdo del mundo. Y eso es lo que deciden llevar a cabo Lola, el Marqués, el Flipao y el Salvaje en base a un plan infalible que además es muy sencillo de ejecutar, al menos sobre el papel.

Pero Gran Canaria es una isla y por tanto está rodeada de agua por todas partes menos por una, que se llama Isidro Padrón, un hampón disfrazado de empresario que a su vez despacha con un ruso que no tiene nombre, y si lo tiene nadie lo dice, por lo que pueda pasar. Desbaratar el plan de cuatro malhechores de pacotilla entra dentro de lo factible. Para él es cosa fácil, aunque también en teoría. Lo que todos ignoran es que en apenas veinticuatro horas ninguno de ellos será como es ahora porque habrá abierto las puertas del infierno.

Diego el Marqués, Lola, su novia, Paco el Salvaje y Felo el Flipao deciden, animados por Eusebio el Zurdo que es chofer de Isidro el Yunque de Tafira, secuestrar a la hija de éste, Diana Padrón, para pedir como rescate una gran cantidad de dinero proveniente de lo que recibe de la mafia rusa para que se lo blanquee junto con su socio Marcos el Martillo de Tejeda, y así poder salir de su vida insignificante a la que sobreviven cometiendo pequeños delitos  como atracar a turistas despistados llevándose su equipaje a las puertas de sus hoteles haciéndose pasar por botones, robando máquinas tragaperras o dando tirones a viejecitas. El plan parece factible y sencillo porque dan por hecho que el padre de la víctima por razones de peso no se pondrá en contacto con la policía por miedo a que en la investigación se descubra más de lo deseado. Pero...

Bajos instintos, necesidad, codicia y necedad mezclados en un cóctel asombroso y violento lleno de aspectos muy humanos con gotas de momentos hilarantes que te llevan en un bucle trepidante a un desenlace asombroso en una magnífica lectura donde se economizan los escrúpulos.

Protagonistas de medio pelo y bajos fondos que roban para vivir mezclados con personajes adinerados de clase alta y corrupto silencio, empresarios que sobornan y blanquean pues el poder y la corrupción suelen ir juntos en la sociedad en la que vivimos donde se relaciona el dinero con el éxito personal. Unos delinquen para sobrevivir porque no tiene nada mientras que los otros, que tienen cubiertas todas sus necesidades, lo hacen porque quieren más y más y cometen delitos por mera ambición y por un desenfrenado y frenético afán de lucro. Un problema que el sistema bajo el que nos organizamos promueve permitiendo y potenciando el anhelo depredador individual.

A los personajes de Alexis Ravelo se les coge siempre cariño por la simpleza con que piensan y por la torpeza con que se mueven ya que no tienen nada que perder pues nunca han tenido nada. Son unos canallas que desde el principio sabemos que su destino inmediato no puede ser otro que la cárcel o algo incluso peor en un fatalismo que se ha convertido en consigna de sus novelas con una demostración de que el autor sabe perfectamente de lo que habla.

Las flores no sangran es una palpable muestra de ello dentro de una trama surrealista llena de acción y humor corrosivo en una ciudad e isla no tan paradisiacas que nos pintan y que se transforman en un escenario arrabalero, decrépito y cruel en el que habita lo peor de cada casa.

Personajes reales, originales y sorprendentes. Historia de supervivientes en lucha con la vida en la que no todos pueden salir bien parados si es que sale alguno. Situaciones sórdidas, grises, ásperas, deprimentes, miserables y muy creíbles. Las flores no sangran es una novela negra, negrísima donde no hay policías.

Alexis Ravelo ha escrito una novela ambiciosa de impecable ejecución que es crónica de la oscura realidad social de podredumbre. Las flores no sangran es una absoluta pasada. Una excelente novela imprescindible para saborear la grandeza y el esplendor de la novela negra. Alexis Ravelo se supera a si mismo en Las flores no sangran con energía, fuerza y contundencia mezcladas con la suavidad del lenguaje canario. Las flores no sangran es pura novela negra. Una novela que entra por la puerta grande del género y que quedará en la sala de sus trofeos para que generaciones futuras la sigan leyendo porque es una novela que se alza al pedestal de las obras de arte. Pero no estoy diciendo algo nuevo que no se sepa. Alexis Ravelo hace años que lleva escribiendo obras maestras.

©Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

viernes, 2 de mayo de 2014

La estrategia del pequinés - Alexis Ravelo


En mi reseña de La última tumba ya dije que Alexis Ravelo era un grande de la novela negra española. La lectura de La estrategia del pequinés me lo ha confirmado plenamente.

El Rubio dejó de delinquir hace décadas, pero la grave enfermedad de su mujer le hace replantearse las cosas cuando Júnior, un distribuidor local de cocaína, le propone atracar al testaferro de sus jefes en Gran Canaria. Para organizar el asalto, no le costará seducir al Palmera, un parado de larga duración cuyo sueño es abrir un bar, y a Cora, una prostituta de lujo que sospecha cercano el momento en que se esfumen sus encantos. La estrategia del pequinés es mostrarse fiero y aprovechar cualquier despiste del adversario para atacar y huir. Eso será lo que hagan los protagonistas de esta novela cuando descubran que le han pisado la cola a un tigre y se vean inmersos en una persecución frenética en la que irán dejando un rastro sangriento. Parados cincuentones, escorts venidas a menos, narcos, policías corruptos y blanqueadores de dinero pueblan esta novela negra de alto voltaje, una dura historia coral sobre perdedores en la que lo importante no es saber quién es el asesino.

Y nos damos cuenta de que estamos ante una gran obra literaria desde las primeras líneas. Nos vamos a encontrar con una serie de personajes que han sido maltratados por la vida y que son perdedores natos. Parece que nada les sale bien en esta vida que les ha tocado vivir. Junior, un traficante de medio pelo pierde una partida de droga y no tiene para poder pagar al Turco por lo que decide robar al entramado de empresas del propio Turco que se dedican a blanquear el dinero. Para ello contacta con el Rubio que forma su propia banda formada por el Palmera y Cora. Lo que parece un golpe fácil y perfecto de repente se convierte en un verdadero infierno. Y es que como he dicho todos son unos perdedores: Junior un macarra de medio pelo, el Rubio que necesita dinero para tratar la enfermedad de su mujer, Palmera un cincuentón divorciado y parado desde hace años que quiere poner un restaurante y nadie le presta dinero para hacerlo y Cora una prostituta de lujo que quiso salir de ese mundo fracasando y que ve como sus mejores tiempos van quedando atrás.

Y precisamente son los personajes de La estrategia del pequinés lo mejor de la novela. Están perfectamente dibujados con una gran maestría y un infinito cariño por Alexis Ravelo. Hay villanos que son muy malos y dan miedo, y buenos que son superados por la aventura en la que se han embarcado que les supera por todos los lados, pero todos y cada uno tienen su lado humano que nos escupen con desesperación a la cara. Hay violencia y amor dentro de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria dibujada en sus ambientes más sórdidos, telón de fondo insuperable para esta historia triste en la que deseas que ganen los buenos aunque no lo sean tanto. Alexis Ravelo juega con todos ellos magníficamente en una trama perfecta que poco a poco te lleva a un desenlace hasta cierto punto inesperado en una vorágine de continuos giros inesperados haciendo que la lectura te enganche de tal manera que según avanza la novela desees por una parte llegar al final para ver como acaba pero al mismo tiempo no quieras que termine.

La novela negra es un mundo en que Dios no existe, los individuos están solos y tienen que elegir, no pueden echar la culpa a nadie porque tu eres así y así tienes que seguir. Frente a tanto psicópata que mata por placer, Alexis Ravelo nos muestra un mosaico de gente que delinque por necesidad, dinero, dolor o venganza que son los motivos habituales de la gente. Y en La sombra del pequinés ocurre todo esto dentro de una historia que divierte y entretiene pero que al mismo tiempo lleva al lector a preguntarse sobre la realidad y sobre esa fatalidad que inmisericorde se masca en el ambiente y que sabes que se va a producir porque ya no es posible la marcha atrás.

Alexis Ravelo me ha vuelto a sorprender. Es un autor que, como dice él, desde ese pequeño rinconcito de Europa al lado de África nos hace amar aún más la literatura porque su literatura es muy buena y La estrategia del pequinés es un monumento de la nueva novela negra española.

jueves, 13 de febrero de 2014

La última tumba - Alexis Ravelo



En los últimos años está apareciendo en el mundo literario español una serie de jóvenes autores que como sigan escribiendo así de bien van a crear escuela.

Hace unos días leí un artículo de Lorenzo Silva en el que decía que de todas las novelas que había leído el año pasado una de las mejores era La última tumba de Alexis Ravelo diciendo: "Otro poderoso indicio de la excelente salud del género negro en España, en este caso procedente de Canarias, donde Alexis Ravelo ambienta una historia llena de fuerza y de sabiduría narrativa que explora el submundo de los desheredados, con resultados que lo acreditan como un digno continuador de esa tradición del género que tiene al lado oscuro como protagonista y a Jim Thompson como su profeta mayor. De paso, nos demuestra otra cosa, nada baladí: que no hace falta situarse en la gran capital, ni en los espacios más comerciales y transitados de la novela policial, para sacarse un librazo que se devora y sabe como los mejores." Me puse a buscarla y he pasado unas horas disfrutando de un gran libro que me ha dejado con ganas de más ahora que acabo de terminarlo.

Adrián Miranda Gil entra la cárcel siendo un yonqui descerebrado, pero no es un asesino. Veinte años dan para mucho y logra no solo desengancharse de la heroína y de sus otras adicciones, sino que estudia y lee, experimentando una transformación personal importante. Y esto lo notan los de su entorno cuando ya ha cumplido la condena y sale. Adrián se convierte en un detective de un solo cliente, él mismo, que va a investigar el pasado y no parará hasta descubrir quién o quiénes le hicieron la jugarreta de colgarle el marrón del asesinato.

Pura novela negra escrita muy bien. Y está muy bien escrita porque la historia está narrada en primera persona por el protagonista y la primera persona en novela negra consigue describir ambientes oscuros y porque el lenguaje empleado, sobre todo cuando el narrador es un delincuente, es el adecuado para hacer la historia creíble. Además está ambientada en Las Palmas y el resto de la isla de Gran Canaria por lo que utiliza un lenguaje de allá que resulta muy atractivo y natural acorde con la historia con unas reflexiones de su protagonistas dignas de los grandes personajes de este género.

La última tumba es una novela que se lee como un revulsivo y, lo que es mejor, te obliga a seguir leyendo porque te zarandea, te golpea, te estruja las tripas pese a que otras tareas requieran el concurso de los modestos esfuerzos del lector. Paseamos al lado de Adrián por las calles en busca de respuestas con naturalidad, cuidando mucho sus pasos caminando despacio por la isla, conduciendo con prudencia, sonriendo por la vida. Todo lo necesario para que nadie sospeche de lo que pasa por su cabeza, de lo que está maquinando. Es una buena persona que ha pagado por algo que no le correspondía pagar y necesita saber por qué fue el blanco de esa conspiración para poder vengarse en una trama sin fisuras y, sobre todo, un personaje principal absorbente: ambiguo, oscuro, ingenuo a su manera, un inocente acostumbrado a sobrevivir en las peores alcantarillas. Adrián habla directamente con el lector, a quien le da una versión de los hechos que hace que te pongas de su lado y que entiendas, incluso, que quiera hacer su justicia.

Alexis Ravelo es un grande del género negro de nuestro país.