viernes, 12 de enero de 2018

Sevilla... Gymnopédies y Mujeres descosidas




LA MAGIA DE LA ALEGRÍA


Puede ser que pensemos, incluso que tengamos muy arraigado dentro de lo más hondo de nuestro ser, que en estos tiempos convulsos y tan poco igualitarios de un mundo globalizado en que nos ha tocado vivir, no quede sitio para la alegría de la vida, pero a veces nos sorprendemos muy gratamente con una explosión de ella.

Una de esas explosiones de jubilosa algazara nos la regala la escritora vallisoletana María Ángeles Cantalapiedra con sus dos novelas “Sevilla… Gymnopédies” y “Mujeres descosidas”, publicadas las dos por Sial Pigmalión.

En ambas, las protagonistas son dos mujeres muy diferentes. Ana María, en la primera, es una jovencísima periodista que tras la muerte de su padre, recibe una oferta de trabajo que la lleva hasta Sevilla y su vida sufrirá allí un cambio radical. En la segunda, Juana es una mujer en la cincuentena hundida en su propio caos que también se traslada, esta vez a las montañas de Asturias, para poder descifrar el contenido enigmático de trece cartas que ha descubierto en un olvidado baúl en el desván de la casa de sus padres, para poder salvarse o morir sin alcanzar su liberación del desasosiego en el que se halla sumida su vida debido a tanto desamor y despego que ha recibido siempre de su madre.

Tanto Sevilla… Gymnopédies como Mujeres descosidas tienen una estructura semejante aunque sean novelas muy diferentes: dos historias paralelas que van convergiendo en una única, unas mujeres arrebatadas, un humor contagioso, una intriga y un suspense cuidadosamente dosificados, un lenguaje fresco, coloquial y chispeante delicioso, una ternura sentimental, una sensibilidad afectuosa, un regocijo divertido, y, sobre todas las cosas, unos personajes, tanto protagonistas como secundarios, maravillosos originales, chispeantes y vitales, perfectamente dibujados que alcanzan la cima de lo sublime.

Delicadeza, jovialidad, creencia certera en la bondad del ser humano, positivismo enardecido y ausencia de farsa y superchería son las claves de María Ángeles Cantalapiedra para tejer con hilos de optimismo cautivador y fascinante sus dos primeras novelas, con una habilidad que resulta sorprendente gracias a la escritura potente de la autora que plasma en el papel todo aquello que la conmueve y que no es otra cosa que una visión ilusionada y optimista de la vida, llena de magia, misterio, sutileza, dulzura y paz consigo misma, no exenta de dolor y lucha contra nuestros propios fantasmas.


Ana, María, Lola, Ayumu, Jaime, Bosco, Juana, Regalito, Jesús, Úrsula, Bruno,… te están esperando para contarte todo lo que, posiblemente, podías intuir, pero necesitabas conocerlos para darte cuenta que todo es mucho más bello que lo que nos cuentan. Además, te lo podrán referir de una manera en lo que prime la más cruda realidad o con la más subyugadora fantasía porque ellos son así de especiales e ilusionantes. Ambas maneras, en las manos de María Ángeles Cantalapiedra, se llenan de belleza, pero yo, puesto a elegir y siendo las dos igual de buenas, me quedo con el hechizo de la literatura que te hace volar por mundos fantásticos e imaginarios más allá de la razón. Yo me quedo con la magia de la alegría.

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