domingo, 22 de noviembre de 2015

Presentación de la novela El jardín vertical en Valladolid



Valladolid, 20 de noviembre de 2015

Alejandro López Andrada nace en 1957, o sea, es tan joven como yo, en Villanueva del Duque (Córdoba), localidad de la que es hijo predilecto. A los 35 años fue elegido miembro de la Real Academia de las Letras de Córdoba. Su fuente de inspiración está en su Valle de Los Pedroches.
Es autor de una veintena de poemarios, casi otras tantas novelas y recopilaciones periodísticas y ensayos.
Ha recibido innumerables premios como, entre otros muchos, el Nacional San Juan de la Cruz, el Rafael Alberti, el José Hierro, el Ciudad de Badajoz, el Andalucía de la Crítica, el Ciudad de Salamanca, el Fray Luis de León y el Ciudad de Córdoba.
Su novela El libro de las aguas fue llevada al cine, dirigida por Antonio Giménez Rico, en el año 2008 y rodada en ese increíble Valle de Los Pedroches.
Alejandro López Andrada es un hombre tan polifacético que hasta ayer me enteré que también ha sido letrista de canciones de grupos como Los Iberos, los Módulos y del cantautor y amigo personal Pablo Guerrero.
En su pueblo, su nombre rotula una plaza, Plaza de Alejandro López Andrada, donde se encuentra la casa donde nació.



Alejandro López Andrada y yo no nos hemos conocido personalmente hasta esta tarde, aunque llevamos casi cuatro meses teniendo una amistad en las redes sociales. Yo desde hace ya un tiempo, en mi página de Facebook, tengo la rareza u osadía de poner una poesía de un poeta durante un mes. Empecé con La voz a ti debida de Pedro Salinas, y como tuvo éxito me permití continuar con esta sana costumbre. Por ella han pasado diversos poetas como Luis Cernuda, José Ángel Valente, José Agustín Goytisolo o Miguel Hernández, con el que estoy este mes. Acabando julio, pensé que todos los poetas que ponía estaban ya muertos. ¿no habría en el panorama de nuestras letras algún poeta vivo del que yo no conociera su obra? Comentando el asunto con otra gran amiga mía, aunque aún sólo virtual, Mamen Romero Muñoz, me dijo que por qué no ponía a un paisano suyo que tenía una obra muy interesante, y me dio el nombre de Alejandro López Andrada. Empecé a buscar por esa fuente inagotable de inspiración que es Internet y me di cuenta enseguida que se trataba de un gran poeta y en ese caluroso mes de agosto, ese poeta que hoy tengo el placer de tener a mi izquierda sentado a mi lado, diariamente empezó a embellecer mi muro con sus increíbles poesías y textos. Como Alejandro López Andrada es un hombre en extremo generoso y afable a diario me comentaba cada poema que de él iba apareciendo mostrando una infinita gratitud hacia mi persona por difundir su obra, cosa que yo hacía con el maravilloso placer de poder conocer su fabulosa manera de escribir. Hace algo más de un mes me comentó que quería presentar en nuestra ciudad de Valladolid su última novela, El jardín vertical, y que se sentiría muy orgulloso de que fuera yo el que fuera su anfitrión y presentador. Por supuesto, su propuesta me llenó de orgullo y acepté de manera inmediata. Y me puse al trabajo de organizar con una gran ilusión el evento en la mítica Librería Sandoval donde nos encontramos todos reunidos.

Hoy es 20 de noviembre de 2015. Hace cuarenta años decidió dejarnos, por fin, uno que jodió la vida a mi familia y a tantas y tantas familias, para dar paso a la esperanza y a la luz en esa España oscura y cercenada por su mitad. Pero, hoy también, se cumplen cuatro años en que los españoles decidimos dar mayoritariamente el poder a los herederos del dictador que nos mintieron a todos, a mi desde luego no porque ya se de que van, como lo han hecho siempre. sobre todo lo que prometieron, dejando otra vez nuestra tierra como un erial en este periodo de tiempo en que llevan en el poder. Hoy 20 de noviembre, que fecha tan paradójica, se presenta en nuestra ciudad El jardín vertical que habla precisamente de todo esto.
Alejandro López Andrada ha confesado que escribe con la realidad ética de forma estética en toda su obra, la cual es muy comprometida. Para sus poesías y textos se basa en lo que sus ojos admiran en sus interminables paseos por el campo de su valle y están muy ligados a la Naturaleza.
En un poema suyo, Hombre raro, que él me reveló que era su poema que quizás mejor le define dice que ama las ortigas, en su pecho duermen los pastores, es la luz que a los gañanes muertos le da agua, ama el dolor de los nogales, a veces es espiga enamorada de las estrellas últimas del cielo, vive en el vientre antiguo de las nubes, los mirlos le saludan y le abrazan las collalbas, es el hombre último que habla con los pájaros.
Como ya he dicho, en su ya muy importante obra en prosa, también está siempre presente su sentido poético del que le es muy difícil desprenderse, si no le es imposible. Sus novelas son muy líricas y poéticas. Alejandro López Andrada es un hombre sencillo, un poeta que encuentra su equilibrio espiritual en la soledad y en la armonía de su tierra natal de Los Pedroches, al norte de la provincia de Córdoba, plagada de las dehesas, lindando con ese sur de Extremadura que él elige para poner el pueblo de Aguanís, en el valle de La Serena, donde vive su infancia Daniel, el protagonista de El jardín vertical. Alejandro López Andrada es un escritor que llena de luz sus palabras.
Tiene muy claro que la misión de la Literatura, ahora mismo, debe servir, además de embellecer la realidad, para transformar esa realidad, cambiarla.
En esta época tan materialista en la que un neoliberalismo capitalista está hundiendo a los seres más humildes, a las personas más desprotegidas, a los obreros, a los trabajadores... la Literatura tiene que ser un arma para luchar contra esa ignominia degradante para cambiar el mundo.
Alejandro López Andrada tiene un espíritu poético que es capaz de atravesar la realidad para extraer de su corazón la esencia de la vida, del alma y palpar lo que es inasible. A Alejandro López Andrada le gusta escribir para la gente, para los demás, y entiende la literatura como un acto de entrega y de generosidad. Es tan generoso que casi todo lo que escribe lo vierte en su página de Facebook y en su Blogg que llevan su propio nombre y que os invito desde aquí que los visitéis.
En su defensa continua de los más pobres le lleva a escribir El jardín vertical que hoy estamos presentando y donde entra de lleno en el momento tan difícil que nos ha tocado vivir.
El jardín vertical lleva el subtítulo de La novela de un indignado, porque, efectivamente, se trata de un texto escrito desde la indignación que corroe a muchos de los que venimos sufriendo los desmanes de un Gobierno que, en sus cuatro años de gobernanza, se ha caracterizado por eliminar muchos años de derechos conquistados y a hundir en la pobreza a grandes sectores de la población.


El jardín vertical tiene un tono poético. melancólico, reflexivo y justo en Daniel, su protagonista, con una eficaz construcción de la trama en la que se contrasta la vida rural y la vida urbana dentro de los movimientos sindicales y sociales, quedando perfectamente retratados los más débiles (ancianos, inmigrantes, pobres, los grandes olvidados de la Historia), aunque la novela nunca cae en lo panfletario gracias a esa gran voz narrativa que sitúa en un contexto personal un problema global.
En la reseña que hace unos días publiqué sobre El jardín vertical en mi blogg Volveremos a Macondo escribo lo siguiente:
"Palabras, duras y bellas palabras, como luz, con la que empieza y termina el libro, miedo, desolación , incertidumbre, bastardo, hijo de puta, tristeza, temblor, lloro, humillación, aberración, amor, solidaridad, hipocresía, corrupción, idealismo, conciencia, fuego, dolor, muerte, vida, olvido, orfandad, dignidad. Palabras que le sirven a un mago de las palabras, Alejandro López Andrada, componer en su sabia y poética prosa esta breve y bella novela que es El jardín vertical.
Pero como decía su abuelo, el fascismo puede cambiar de traje, o de camisa, pero que, al final, sus hechos siempre lo delatan y, aunque algún día se marcharán, volverán vestidos de corderos. Y finalmente volvieron, gracias a esa democracia los hijos y los nietos de los que decapitaron, muchas décadas antes, el progreso y la igualdad. Y de repente Daniel pierde al amor de su vida, su trabajo en una residencia de ancianos que es privatizada, su casa y sus amigos. Pierde todo menos el honor y la dignidad que si han perdido ya muchos y que no encuentran ni un minúsculo asidero al que aferrarse para sobrevivir antes de que los arrastre la tormenta de la crisis que sirve para un Gobierno autoritario de ideas neoliberales que la han auspiciado para hacer saltar por los aires principios y pisotear derechos elementales para volver la patria plomiza que de niño conoció y que pensaba que ya nunca más volvería a ver, protagonizada por un equipo de políticos pertenecientes a un Gobierno represor de miserables que en muy poco tiempo han acabado cercenando todo lo que exhala un tufo a libertad y que se llaman demócratas, mintiendo en todo y creando un futuro que es un horizonte muerto, la pared de una casa olvidada por el sol, que no sienten nada por el prójimo y que pasan su vida jodiendo a los demás. Un Gobierno de torpes que superan a su ignorancia. Un Gobierno lleno de maldad e insensato cuyos peores defectos son el orgullo y la mentira, además de ser tercamente ineptos. Un  Gobierno aliado con las mafias del poder, con la Iglesia comprometida con los ricos, que hace desahucios umbríos apoyando a una Banca corrupta, carroñera e insaciable en una España sumida de nuevo en la pura oscuridad.
El jardín vertical es un grito de desesperación en el caos en el que ninguno debe resignarse sin lucha constante para desenmascarar tanta patraña. Alejandro López Andrada es un valiente escribiendo claramente la historia de los últimos cincuenta años de nuestros pueblos y de nuestras ciudades, y eso es lo que tenemos que ser todos nosotros, valientes, y luchar sin desmayo ni descanso desde el lugar que ocupemos porque cuando una persona lo ha perdido todo, cuando pierde el amor de su vida, cuando pierde su casa, cuando pierde su trabajo, cuando hasta le abandonan sus amigos, únicamente le queda la dignidad y se convierte en un animal herido que arremete contra todo con furia, aunque lo hace convencido de que lo hace por amor hacia los demás, por la dignidad y la revolución.
Alejandro López Andrada es un poeta sensible y un hombre de paz que ha tenido la osadía y el coraje de escribir El jardín vertical que es una bomba de relojería directa a la línea de flotación de la impudicia tan absoluta de quienes nos gobiernan en este momento. Él tiene la fuerza de sus palabras. ¿De qué fuerzas dispones tú para acabar con la pesadilla?"
El jardín vertical hoy, cuando hace pocos meses acaba de salir, es una novela contestataria, pero mañana será una novela histórica y su vigencia literaria estará siempre ahí. Por fin ya era hora que, un autor con una sólida carrera literaria, haya dado un golpe en la mesa en cuanto a lo que está sucediendo en España.
Muchas gracias, Alejandro, por escribir El jardín vertical y por venir a visitarnos de nuevo a Valladolid. Muchas gracias por haberme invitado a que te de paso a tu increíble palabra de forma tan generosa.
Antes de dar la palabra a Alejandro López Andrada, me vais a permitir que os hable de una persona que hoy no ha podido estar con nosotros, aunque estoy seguro que le habría gustado mucho hacerlo. Él me ha recordado al pastor de cabras, amigo de Daniel, del primer capítulo de El jardín vertical porque él, en su juventud también era pastor en esa España tétrica y rural. Pero ese muchacho tuvo la gran suerte de encontrarse  con una maestra que, por lo que fuera, le cogió cariño y gran afecto y, como seguramente era una maestra de esa II República segada por el fascismo, le enseñó a leer y a escribir. Y ese muchacho, en este campo castellano de los Montes Torozos, cuyas cunetas siguen hoy llenas de fusilados perdidos sin que les podamos llevar una triste flor porque no sabemos donde están, que tanto ama y que le vio nacer siempre llevaba en su zurrón un libro. Y un libro siempre me pide para leer. Éste ya no podrá hacerlo y estoy convencido que le gustaría mucho leerlo. Después, como Daniel, abandono su pueblo y el campo y se vino a la ciudad para dar un futuro mejor a su familia. Hoy se está despidiendo de todos nosotros con una gran dignidad, la misma con la que siempre vivió. Alejo, mi suegro, el padre de mi compañera, doy las gracias por haberte podido conocer.
Ahora si. Os dejo con Alejandro López Andrada. Nos tiene que decir muchas cosas con su maravillosa palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra asistencia.


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