miércoles, 29 de octubre de 2014

Los crímenes del abecedario


Diana Dávila, la jovencísima policía en prácticas de La noche de los peones ha jurado el cargo y ya es policía nacional, destinada en Madrid a patrullar las calles. Su madre, Xía, quisiera tenerla cerca, destinada en Barcelona, pero con la policía autonómica, las plazas para la Policía Nacional en la capital catalana se han acabado. Tampoco salió ninguna plaza en Huesca o Zaragoza, por lo que tiene que aceptar el destino en Madrid. Pero allí no se encuentra a gusto. No le agrada estar todo el día conduciendo por la ciudad en jornadas agotadoras ya que ella es muy ambiciosa y ese puesto es poco enriquecedor para sus anhelos. Ella sueña con entrar en la Brigada de la Policía Judicial.
Al poco tiempo, se le presenta la oportunidad de acudir a una entrevista de selección para optar a un puesto en la Brigada de Delitos Tecnológicos en el Cuartel General de Canillas, y elige presentarse a la misma utilizando las "armas" que ya conocemos por la anterior novela, mientras recuerda a Andrés Hernández, el veterano policía que consiguió que se fiara de los hombres "añosos" por ser buena persona. Andrés le explicó todo sobre la Policía Nacional en el periodo de prácticas que pasó junto a él en la comisaría de Huesca y se dio cuenta que no todos los hombres son iguales. Lo echa de menos pero no ha vuelto a ponerse en contacto con él desde que se despidieron meses atrás.
De esta forma da comienzo la nueva novela de Esteban Navarro, Los crímenes del abecedario, en donde un asesino lleva matando a parejas de chicas, cuyos nombre comienzan con la misma letra, con idéntica manera de actuar y, al parecer, siguiendo un patrón basado de la obra Justine del Marqués de Sade. La Policía se encuentra totalmente desorientada hasta que entran en juego la inspectora Arancha Aranzana, el inspector jefe Vázquez y la propia Diana Dávila, pues el asesino utiliza las redes sociales para ponerse en contacto con sus futuras víctimas y ellos están en la Brigada de Delitos Tecnológicos.
Esteban Navarro, con Los crímenes del abecedario, ha escrito una novela completamente diferente a La noche de los peones. Si, como ya escribí en la reseña de la primera, la acción de ésta transcurre con un ritmo a cámara lenta donde los minutos pasan lentamente durante una noche de guardia, en un espacio cerrado y claustrofóbico, con dos únicos personajes principales que tienen pensamientos introspectivos, y sin crímenes ni asesinos, en Los crímenes del abecedario todo cambia radicalmente. Acción desenfrenada, muchos personajes y ciudades diferentes, viajes a contrarreloj, ritmo endiablado, un asesino implacable y horrendo y diálogos por doquier.
¿Cuál es mejor de la dos novelas? Imposible decidirlo porque ambas son estupendas y no se entendería la segunda en su totalidad sin haber disfrutado de la primera con anterioridad.
Esteban Navarro vuelve a demostrarnos que, como policía, sabe perfectamente de lo que habla y de que se cuece dentro del cuerpo policial, y nos explica con minuciosidad todos los entresijos de una investigación criminal, no eludiendo guiños jugosos a la posible rivalidad que pueda existir entre la Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos d'Esquadra, en una lectura que no da un momento de respiro.
Capítulo aparte, hay que mencionar otro gran acierto como son los personajes. Diana Dávila aparece ante nuestros ojos tal cual es y no como el simple boceto de La noche de los peones, donde el mayor peso se lo llevaba Andrés Hernández, que en Los crímenes del abecedario aparece poco pero que resulta primordial en su argumento al no ser perdonado por sus jefes por ciertas declaraciones suyas efectuadas ante un juez en la novela precedente. Y la muy grata sorpresa que me han deparado los nuevos, Arancha Aranzana y, en especial, el inspector jefe Vázquez que, pese a un comienzo algo titubeante,  va ganando peso y credibilidad con el paso de las páginas, convirtiéndose en un personaje magistral.
Los crímenes del abecedario es una buena novela, con un muy buen final muy bien resuelto y conseguido, aunque yo, por poner algún pero, echo en falta que Andrés y Diana no se encuentren, pero no espero equivocarme cuando tengo la suposición de que Esteban Navarro nos deleitará dentro de unos meses con una nueva aventura, donde quizá estos policías vuelvan a estar de nuevo juntos para ver si de una vez por todas, pese a que la policía haya cambiado tanto sus usos en los últimos treinta y cinco años, se consiga eliminar ese aparente tufillo a podrido que aún parece darse en su cúpula. Con policías como Andrés y Vázquez, y con las nuevas generaciones representadas por Diana y Arancha la esperanza desde luego cabe.


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