lunes, 16 de junio de 2014

Un millón de gotas - Víctor del Árbol


El mar está hecho de un millón de gotas. La primera gota que cae es la que empieza a quebrar la piedra. Tras la primera gota, la catarata emerge de la piedra. Porque sólo una aberración, un monstruo puede herir con tanta saña aquello que más ama.

Estas, y muchas más frases memorables, aparecen en la lectura apasionada y apasionante de Un millón de gotas de Víctor del Árbol.

Gonzalo Gil es un abogado metido en una vida que le resulta ajena, en una carrera malograda que trata de esquivar la constante manipulación de su omnipresente suegro, un personaje todopoderoso de sombra muy alargada. Pero algo va a sacudir esa monotonía. Tras años sin saber de ella, Gonzalo recibe la noticia de que su hermana Laura se ha suicidado en dramáticas circunstancias. Su muerte obliga a Gonzalo a tensar hasta límites insospechados el frágil hilo que sostiene el equilibrio de su vida como padre y esposo. Al involucrarse decididamente en la investigación de los pasos que han llevado a su hermana al suicidio, descubrirá que Laura es la sospechosa de haber torturado y asesinado a un mafioso ruso que tiempo atrás secuestró y mató a su hijo pequeño. Pero lo que parece una venganza es solo el principio de un tortuoso camino que va a arrastrar a Gonzalo a espacios inéditos de su propio pasado y del de su familia que tal vez hubiera preferido no afrontar. Tendrá que adentrarse de lleno en la fascinante historia de su padre, Elías Gil, el gran héroe de la resistencia contra el fascismo, el joven ingeniero asturiano que viajó a la URSS comprometido con los ideales de la revolución, que fue delatado, detenido y confinado en la pavorosa isla de Nazino, y que se convirtió en personaje clave, admirado y temido, de los años más oscuros de nuestro país.

"La primera gota es la que empieza a ser océano" y la novela comienza con una primera gota ya impactante y sobrecogedora que nos va a llevar como un torrente camino del infierno que van a tener que sufrir los personajes de la obra en un viaje a través de la Historia europea del siglo pasado y principios de éste.

Una historia apasionante y demoledora en donde se encuentran diferentes géneros literarios que sacan a la luz todas las miserias y vilezas del ser humano en un marco oscuro y sobrecogedor, pero absolutamente absorvente. Novela negra, novela histórica y, por qué no, también novela de amor que, en como un gran mosaico en forma de puzzle, Víctor del Árbol va encajando de forma maestra todas las piezas, encontrando un desenlace final esclarecedor y magistral.

La historia tiene dos argumentos paralelos. El que se desarrolla a principios del siglo XXI en la ciudad de Barcelona y el que nos lleva desde 1933 a 1967  paseando por la Unión Soviética, los gulags de Siberia, la Guerra Civil española, los campos de refugiados de los republicanos españoles en el sur de Francia , la II Guerra Mundial, el París de la postguerra europea y la España de la dictadura, que me han obligado continuamente  a buscar información sobre lo narrado, demostrándome que el autor ha realizado una labor de documentación impecable y exhaustiva.

La historia cuenta con unos personajes que rayan la genialidad en un mundo sórdido y oscuro donde campan las injusticias, la maldad, la corrupción y también el amor. Personajes como Gonzalo, Elías, Ramón, Roberto, Irina, Anna, Tania, Laura, Javier, Lola, Luis, Esperanza, Igorn o Agustín ya formarán parte de mi galería de iconos literarios.Unos personajes a los que la violencia y la traición alcanza a todos en un mundo desesperanzador que nos hace abrir los ojos ante hechos históricos recientes que esperemos que no vuelvan a suceder.
Un millón de gotas de Víctor del Árbol es una de las mejores novelas que se van a publicar en 2014. Un millón de gotas es una de las grandes obras de este siglo. Si Laura no puede luchar ella sola contra toda la maldad del mundo porque sus esfuerzos son sólo una gota en el océano, Un millón de gotas es una gota en el océano literario español, pero una gota muy grande escrita por un impresionante navegante de ese océano, Víctor del Árbol.

miércoles, 21 de mayo de 2014

La cocinera de Himmler - Franz-Olivier Giesbert


Rose es una anciana de 105 años. ¿Una cándida abuelita? Todo lo contrario. Es una anciana de armas tomar que durante toda su vida ha sufrido lo indecible y que ha perdido a todos sus seres queridos en situaciones trágicas. Una mujer de 105 años que no cree más que en el amor, la risa y la venganza. Una cocinera superviviente al genocidio armenio, capaz de guisar para Himmler y de enfrentarse cara a cara con la Revolución cultural de Mao. Una auténtica heroína. He aquí la hilarante epopeya de Rose, una cocinera que nunca le ha temido a nada y que ha sobrevivido a las barbaries del siglo XX (el genocidio armenio, los horrores del nazismo y los delirios del maoísmo) sin perder el humor, el deseo de sexo y el afán de venganza: los tres pilares de la felicidad en su particular credo. A los ciento cinco años aún regenta su famoso restaurante en Marsella, guarda una pistola en el bolso y no puede evitar los pensamientos eróticos cuando se cruza con algún tipo interesante. Esta singular cocinera, marcada por dos hombres y un siglo, se toma la justicia por su mano matando a sus enemigos suavemente.

Esta es la historia que se nos narra en la novela La cocinera de Himmler de Franz-Olivier Giesbert. Rose nace en Armenia en 1907 y pese a sus 105 años tiene una mente absolutamente lúcida y brillante que como piensa que lo más fácil es que se va a morir pronto decide volverse interesante y se pone a escribir sus memorias para intentar demostrar que no somos muertos vivientes y que todavía tenemos cosas que decir... al recibir una carta desde Alemania donde se le comunica la muerte de una tal Renate Fröll de la que más adelante tendremos noticias sobre quién es.

Conoceremos que a los siete años perderá a toda su familia en el genocidio de los turcos al pueblo armenio al que sobrevivirá milagrosamente.  Sobrevivirá también a la I Guerra Mundial. Formará una familia que también será asesinada en los campos de concentración nazis. Conocerá a Himmler, comandante en jefe de las SS, en el pequeño restaurante que regenta en París e irá con él a Alemania en busca de su marido y de sus dos hijos. Conocerá a Hitler en su Nido del Aguila. Trabará amistad con Jean Paul Sartre y a Simone de Beauvoir. Viajará a Estados Unidos y a China donde será víctima de la Revolución Cultural de Mao. Y volverá a regentar en Marsella un nuevo restaurante.

Asistimos pues a un gran fresco de todo el siglo XX. Ese siglo donde se calcula que se eleva a 231 millones el número de muertos provocados por conflictos, guerras y genocidios. Ese siglo en el que tuvo lugar el exterminio de los judíos, el de los armenios, el de los tutsis. Sin mencionar las matanzas de comunistas, anticomunistas, fascistas y antifascistas. Se sucedieron las hambrunas políticas en la Unión Soviética, en la China Popular o en Corea del Norte, que diezmaron a una población supuestamente rebelde. Los sesenta o setenta millones de víctimas de la Segunda Guerra Mundial, provocada por Adolf Hitler, que inventó la industrialización de las masacres. A todo ello hay que añadir el resto de infamias, como en el Congo Belga, en Biafra o en Camboya. Ese siglo en el que el palmarés del horror, Hitler, Stalin y Mao figuran en los primeros puestos, con decenas de millones de muertos en su haber. Gracias a la complicidad de sus aduladores, intelectuales o políticos, pudieron aplacar su sed de sangre y ejecutar con todas sus ganas tantos sacrificios sobre el altar de su vanidad.

Y Rose viajará por él con su salamandra Teo, un nuevo Pepito Grillo, y su lista donde figuran aquellas personas que le han hecho daño y que irá vengándose de ellas poco a poco con un lenguaje lleno de humor y un descaro que hacen de esta novela literalmente sobresaliente, un relato revelador de la condición humana más repugnante y a su protagonista en un ente de ficción memorable, que cree que el mal engendra el bien de una forma divertida, cínica y generosa, alegre, sensual y ambiciosa. rLa cocinera de Himmler de Giesbert primero toma el color de la tragedia para luego convertirse en una novela picaresca, llena de aventuras ideadas por una imaginación salvaje. Giesbert tiene un innegable don para la elección de la palabra justa y para el retrato mordaz. Esta cocina narrativa es decididamente rica en sabores, con agilidad y con ritmo.

Rose se convierte en una protagonista única y excepcional que hará que el lector se sienta totalmente identificada con ella. Pero la novela, que narra acontecimientos tan trágicos, es un canto a la esperanza donde Rose nos da sus preceptos básicos o mandamientos que la han permitido llegar a edad tan longeva: vivid cada día como si fuera el último, olvidadlo todo pero no perdonéis nada, vengaros los unos de los otros, desconfiad del amor pues se sabe cómo se entra pero no cómo se sale, no dejéis nunca nada en vuestro vaso, ni en vuestro plato, ni a vuestra espalda, no dudéis en caminar contra corriente ya que sólo los peces muertos la siguen, moríos vivos, y dejad a un lado vuestro amor propio pues si no, nunca conoceréis el amor. Sólo así el día vendrá. No os preocupéis. Todas las mañanas se presenta. Basta con abrir los ojos.

"La vida es como un libro que se aprecia, un relato, una novela, un ensayo histórico. Nos encariñamos con los personajes y nos dejamos llevar por los acontecimientos. Al final, ya lo estemos escribiendo o leyendo, no queremos terminarlo. Ése es mi caso. Tanto más teniendo en cuenta que me quedan muchas cosas por hacer y decir. Sé que mis labios continuarán siempre en movimiento, incluso cuando estén mezclados con la tierra, y que continuarán diciendo sí a la vida, sí, sí, sí..."


viernes, 16 de mayo de 2014

Zero Café - Juan Pedro Martín Escolar-Noriega


Acabo de bajar esas escaleras del Zero Café desde del servicio. Esas escaleras que fueron las últimas que bajaron Marifer en su vida en Memento mori para encontrarse con Augusto mientras sonaba Sirena varada de Héroes del Silencio que Paco Dvt había pinchado. Antes no he podido resistirme y, aprovechando que el garito preferido de Augusto Ledesma y el único sitio, donde según él, ponen buena música en todo Valladolid, estaba prácticamente vacío a esas horas, he entrado en el baño de las chicas para hacer esa fotografía inquietante que te recibe una vez traspasada la puerta.

¿Vio Marifer esa fotografía cuando entró? Ella que nunca había estado en ese bar y que después de discutir con su novio dirigió allí sus pasos para, como broma macabra del destino, encontrarse en pocas horas tendida ya sin vida entre los matorrales del parque Ribera de Castilla. Si se fijó en ella ¿qué pensó?. Enciendes la luz y de repente de tus peores sueños aparece esa imagen de dos mujeres decimonónicas que fijan su mirada en ti mostrando sus bocas llenas de sangre invitándote a salir corriendo de allí, mientras la luz de la pared a la que miran condenadas se refleja en el cristal.
Miro ahora en casa esta fotografía que anoche hice y me inquieto aún más. Veo reflejadas también mis manos como en una escena de efectos parapsicológicos y fantasmales que seguramente tiemblan dejando la imagen en un escorzo, seguramente debido a que no puedo apartar mis ojos de esos vestidos negros coronados de esos cuellos blancos teñidos de rojo y de esos peinados simétricamente separados por una raya que parece el certero golpe de un hachazo.

Bajo despacio la escalera y mis ojos abarcan la sala del Zero Café ténuamente iluminada por detalles de luz roja que cargan de energía las zonas muertas, mientras que destellos de luz azul rompen tímidamente el espacio del bar creando rincones donde antes solo había oscuridad y los candelabros sobre la barra y las lámparas colgando del techo que le dan un toque gótico que roza lo siniestro. Alzo mis ojos y en el techo del local reina el Tetsujin 28 Go, ese robot que algún turista japonés ha querido comprar. Termino de bajar y dirijo mis pasos a la barra en la que me espera el gin tonic que Luis minutos antes me ha servido para continuar mi charla con Paco Dvt.




 El Zero Café tiene ese ambiente gótico e inquietante pero Augusto Ledesma tenía razón. Buenas bebidas, excelente música y mejores dueños, razones más que suficientes para que cuando pases por Valladolid no dejes de pasar por él y, si no hay mucha gente, no dejes de hacer una visita al servicio de las chicas y, si eres capaz de ello, te pares un momento ante ese cuadro que te recibe invitándote a una orgía de sangre mientras te paras a reflexionar que pasó por la mente de Marifer cuando bajaba esas escaleras camino de su final mientras Sirena varada de Héroes del Silencio flotaba en el ambiente.

Claro que eso solamente nos lo puede responder César Pérez Gellida.



jueves, 15 de mayo de 2014

Betsabe leyendo - Sofía París



La familia Aponte alquila un piso en la calle Camelias de Málaga. Días después el casero les regala un cuadro titulado “Betsabé leyendo”, pintado, según les dice, por Rembrandt. Los Aponte cuelgan en cuadro en el salón del piso. Los primeros días el matrimonio no puede evitar percatarse de la presencia del cuadro. Hay una aureola misteriosa en ese cuadro que les obligaba a fijarse constantemente en él. La tal Betsabé no parece que esté posando para el retratista, más bien semeja una fotografía captada furtivamente, sin permiso de la lectora que en ella aparece. Toda la vida del matrimonio comienza a relacionarse extrañamente con el misterioso cuadro…

Éste es un libro extraño. En este libro se cuenta la historia de una familia cuyos integrantes desde el principio de los tiempos nacen, se casan y mueren en domingo. En este libro viajamos por Málaga, Mataró, el Valle de Arán Estados Unidos y Holanda. En este libro nos encontraremos con un cuadro de Rembrandt posiblemente falso o seguramente auténtico. En este libro nos encontraremos con Amador, Esperanza, Julio, Antenor, Naiquen, Marta, Silvia, Evaristo, Benjamín, Alejandro Magno, Rembrandt, Hendrickje, Abraham Lincoln y John Fitzgerald Kennedy. En este libro hay alquimia en una moneda de una aleación desconocida que es capaz de curar enfermedades.

Betsabé leyendo de Sofía París es una novela cuanto menos extremadamente original que hace unos días me encontré en una edición Kindle y que me puse a leer con curiosidad. He buscado por todas partes datos de la autora y no he conseguido encontrar nada por lo que este libro tiene aún más un aura de misterio. Nos cuenta la historia de varios personajes entre los años sesenta y ochenta del siglo pasado que se entrelazan como una tela de araña en una trama bien escrita y muy entretenida a lo largo de cuarenta capítulos.

"Aquella madrugada de domingo, todos los vecinos del bloque transitaban por el piso de alquiler que tenían los Aponte en la calle Camelias. Los ojos de la mujer del cuadro, que pendía cómodamente en el comedor de la vivienda, no paraban de seguir a todos los que se acercaron hasta el caluroso piso. El ajetreo era incesante. La cotilla del primero, el viudo del ático, los jubilados del rellano y hasta aquel matrimonio con cinco hijos que nunca les dejaron hacer la siesta el domingo, estaban dentro del comedor. Apiñados. Todos querían ayudar de una forma u otra. La comadrona, Doña Ángela, solicitó silencio a los presentes y sacó al rellano a cuantos hombres había en la casa."

La autora escribe con un estilo muy fluido y de fácil lectura lo que hace adentrarte en la historia que sigue un ritmo constante del que no logras desengancharte pese a que los personajes van y vienen mezclándose en la narración. Una novela incalificable pero que me ha dejado un poso de verdadera satisfacción. Espero que pronto volvamos a ver algo de Sofía París y que descubramos de quién se trata. Desde luego Betsabé leyendo me ha parecido una obra bella como lo es su cuadro protagonista y tan inquietante y extraña como él. Las historias siempre tienen un principio, desarrollo y final; aunque no necesariamente en ese orden.

viernes, 2 de mayo de 2014

La estrategia del pequinés - Alexis Ravelo


En mi reseña de La última tumba ya dije que Alexis Ravelo era un grande de la novela negra española. La lectura de La estrategia del pequinés me lo ha confirmado plenamente.

El Rubio dejó de delinquir hace décadas, pero la grave enfermedad de su mujer le hace replantearse las cosas cuando Júnior, un distribuidor local de cocaína, le propone atracar al testaferro de sus jefes en Gran Canaria. Para organizar el asalto, no le costará seducir al Palmera, un parado de larga duración cuyo sueño es abrir un bar, y a Cora, una prostituta de lujo que sospecha cercano el momento en que se esfumen sus encantos. La estrategia del pequinés es mostrarse fiero y aprovechar cualquier despiste del adversario para atacar y huir. Eso será lo que hagan los protagonistas de esta novela cuando descubran que le han pisado la cola a un tigre y se vean inmersos en una persecución frenética en la que irán dejando un rastro sangriento. Parados cincuentones, escorts venidas a menos, narcos, policías corruptos y blanqueadores de dinero pueblan esta novela negra de alto voltaje, una dura historia coral sobre perdedores en la que lo importante no es saber quién es el asesino.

Y nos damos cuenta de que estamos ante una gran obra literaria desde las primeras líneas. Nos vamos a encontrar con una serie de personajes que han sido maltratados por la vida y que son perdedores natos. Parece que nada les sale bien en esta vida que les ha tocado vivir. Junior, un traficante de medio pelo pierde una partida de droga y no tiene para poder pagar al Turco por lo que decide robar al entramado de empresas del propio Turco que se dedican a blanquear el dinero. Para ello contacta con el Rubio que forma su propia banda formada por el Palmera y Cora. Lo que parece un golpe fácil y perfecto de repente se convierte en un verdadero infierno. Y es que como he dicho todos son unos perdedores: Junior un macarra de medio pelo, el Rubio que necesita dinero para tratar la enfermedad de su mujer, Palmera un cincuentón divorciado y parado desde hace años que quiere poner un restaurante y nadie le presta dinero para hacerlo y Cora una prostituta de lujo que quiso salir de ese mundo fracasando y que ve como sus mejores tiempos van quedando atrás.

Y precisamente son los personajes de La estrategia del pequinés lo mejor de la novela. Están perfectamente dibujados con una gran maestría y un infinito cariño por Alexis Ravelo. Hay villanos que son muy malos y dan miedo, y buenos que son superados por la aventura en la que se han embarcado que les supera por todos los lados, pero todos y cada uno tienen su lado humano que nos escupen con desesperación a la cara. Hay violencia y amor dentro de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria dibujada en sus ambientes más sórdidos, telón de fondo insuperable para esta historia triste en la que deseas que ganen los buenos aunque no lo sean tanto. Alexis Ravelo juega con todos ellos magníficamente en una trama perfecta que poco a poco te lleva a un desenlace hasta cierto punto inesperado en una vorágine de continuos giros inesperados haciendo que la lectura te enganche de tal manera que según avanza la novela desees por una parte llegar al final para ver como acaba pero al mismo tiempo no quieras que termine.

La novela negra es un mundo en que Dios no existe, los individuos están solos y tienen que elegir, no pueden echar la culpa a nadie porque tu eres así y así tienes que seguir. Frente a tanto psicópata que mata por placer, Alexis Ravelo nos muestra un mosaico de gente que delinque por necesidad, dinero, dolor o venganza que son los motivos habituales de la gente. Y en La sombra del pequinés ocurre todo esto dentro de una historia que divierte y entretiene pero que al mismo tiempo lleva al lector a preguntarse sobre la realidad y sobre esa fatalidad que inmisericorde se masca en el ambiente y que sabes que se va a producir porque ya no es posible la marcha atrás.

Alexis Ravelo me ha vuelto a sorprender. Es un autor que, como dice él, desde ese pequeño rinconcito de Europa al lado de África nos hace amar aún más la literatura porque su literatura es muy buena y La estrategia del pequinés es un monumento de la nueva novela negra española.

jueves, 24 de abril de 2014

Una tarde oscura. Historia de un relato - Juan Pedro Martín Escolar-Noriega



Hace unos días una amiga me invitó a presentarme a un concurso de microrrelatos. La idea al principio me pareció descabellada porque yo hasta el momento todo lo que escribo lo hago por gusto, pero me picó el gusanillo y abrí mi cuaderno. Las bases decían que querían conocer los lugares utópicos de los lectores, cuales eran sus mayores deseos y aspiraciones, qué ideas son aquellas que les hacen soñar despiertos y los anhelos que les mueven a seguir adelante.

¿Y sobre qué iba a escribir yo? Cogí la pluma y empezó a fluir una historia de seguido. A la media hora sobre el papel, lleno de tachaduras y correcciones estaba escrito esto:

Una tarde oscura.

¿Cuánto tiempo hace qué no te veo? ¿Qué pasó en ese último instante en qué te vi y que ninguno de los dos sospechó que iba a ser el último día en qué nos veríamos?
Era una tarde bochornosa de mediados del mes de junio y el horizonte estaba lleno de nubes negras que amenazaban con descargar mares de lluvia y una sinfonía trágica de truenos y relámpagos. Cuando me acercaba divisé tu figura leyendo sobre la mesa, donde reposaba una cerveza casi terminada, un libro. Quizá fuera ese libro que te había prestado hacía tres días y que tú tantas veces me habías pedido que te dejara. Ese libro que, al principio de conocernos, compré mientras paseábamos una tarde muy parecida a la de hoy. Ese libro que leí con tanta emoción, casi la misma con la que te hablaba sobre la historia que en él se narraba.
¿Qué pasó por mi mente cuando me acercaba a tu encuentro? ¿Por qué ese desasosiego y desesperanza repentinas? Me detuve en la acera de enfrente a la cristalera donde se reflejaba tu figura envuelta en una tenue oscuridad que difuminaba tu perfil y te observé detenidamente leyendo sin apartar los ojos del papel. Tu expresión me pareció que era un claro ejemplo de la emoción y alegría que me había embargado a mi años antes sumergido en su lectura.
De repente deduje que no debía interrumpir ese instante. Me di la vuelta y caminé de nuevo hacia el coche que pocos minutos antes había aparcado en una calle llena de tiendas y cafeterías. Monté en él y desaparecí de tu vida.
Ahora, cuando ya la ciudad se empieza a vislumbrar en el horizonte difuminada por el sol que cae a plomo en la inmensa estepa, después de tanto tiempo desde que me fui de ella, al volante del mismo coche que me ayudo a salir de allí, pienso con esperanza e ilusión poder volver a recuperar y tener de nuevo entre mis manos ese libro que te dejé, y quizás podamos entusiasmarnos hablando sobre él y tener ese encuentro que por mi culpa no pudo producirse esa calurosa y oscura tarde de hace ya tanto tiempo.



 Muchos de los que la han leído me han comentado que les ha gustado aunque es corta (el concurso era de microrrelatos con un máximo de 500 palabras) y que debería continuar la historia. 

¿Expresa esto mis lugares utópicos, mi mayor deseo, es una idea que me hace soñar despierto o es un anhelo que me mueve a seguir adelante? La respuesta es que no. Es simplemente un ejercicio de poner en el papel uno de mis grandes sueños. De poner en un papel algo que sea fruto de mi imaginación. He intentado hacer un relato que haga participar a la imaginación del lector y que cada uno piense algo diferente. Para ello cuidé mucho no poner en ningún momento el sexo de los dos personajes que pueden ser un hombre y una mujer, una mujer y un hombre, dos hombres y dos mujeres.

¿Qué  le ha le ocurrido al protagonista? ¿Por qué no entra en el bar y decide desaparecer? ¿Por qué siente ese desasosiego y desesperanza? ¿Desde cuándo se conocen? ¿Cuánto tiempo ha pasado hasta que vuelve? ¿Qué cuenta ese libro? Todas son preguntas que sólo la magia de la literatura puede responder. Yo aún no se las respuestas.

Muchos me han dicho que es un relato triste y yo no creo que sea así. Es una historia de esperanza, y para ello he intentado jugar con las luces. Al principio es una tarde oscura de tormenta que vaticina un dolor y tristeza y que  se distingue de esa luminosidad de cuando se conocieron  y de cuando vuelve hacia la ciudad donde el sol brilla. Pero si que he intentado dar una imagen de soledad intentando en tan pocas palabras darle una lentitud que haga al relato un canto a la intimidad y a la melancolía.



Es muy cierto que su escritura me ha dejado un regusto de completar la historia en algo más extenso donde se revele todo los sucedido. ¿Quiénes son? ¿Cómo se conocieron? ¿Qué ha pasado en sus vidas? ¿Qué se preguntó el otro personaje cuando vio que no llegaba el otro? ¿Cuál es la motivación de volver? ¿Qué pasará si se vuelven a reencontrar? Pero eso ya es un ejercicio de mucha mayor madurez que exige un trabajo mucho mayor de media hora.
Gabriel García Márquez dice en uno de sus maravillosos discursos que "el oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica. La facilidad con que yo me senté a escribir aquel cuento una tarde no puede compararse con el trabajo que me cuesta ahora escribir una página. En cuanto a mi método de trabajo, es bastante coherente con esto que les estoy diciendo. Nunca sé cuánto voy a poder escribir ni qué voy a escribir. Espero que se me ocurra algo y, cuando se me ocurre una idea que juzgo buena para escribirla, me pongo a darle vueltas en la cabeza y dejo que se vaya madurando. Cuando la tengo terminada (y a veces pasan muchos años, como en el caso de Cien años de soledad, que pasé diecinueve años pensándola), cuando la tengo terminada, repito, entonces me siento a escribirla y ahí empieza la parte más difícil y la que más me aburre. Porque lo más delicioso de la historia es concebirla, irla redondeando, dándole vueltas y revueltas, de manera que a la hora de sentarse a escribirla ya no le interesa a uno mucho, o al menos a mí no me interesa mucho; la idea que le da vueltas."

Creo que voy a estar completamente de acuerdo con el genio. Al menos en su primera parte ya lo he comprobado. Ahora me queda la segunda parte. ¿Lo conseguiré? Al menos lo voy a intentar porque esa si que es mi gran utopía y anhelo. Me lo debo. Y continuando con el genial Gabo, «¡En qué lío me he metido! ¿Y ahora qué hago para no hacer quedar mal a todos vosotros?». Seguir escribiendo, era la respuesta. Siempre tenía frente a mí el problema de los temas: estaba obligado a buscarme el cuento para poderlo escribir."

martes, 8 de abril de 2014

Mis maestras - Juan Pedro Martín Escolar-Noriega


Fotografía de mis años en el colegio Athenea con la Señorita Isabel

"Decía María Salvo que lo decisivo de aquel 14 de abril de 1931 no fue aquel mar de banderas, voces, cantos y entusiasmo que inundó el mundo de loas adultos: El principio de la República fue ese día en que maestros y maestras retiraron el tabique de madera que separaba a los niños y a las niñas en las aulas y salieron todos a la terraza de juegos por primera vez... ¡Alma, María, alma! La República no pretendía únicamente levantar paredes y edificios. Aspiraba a dar a la escuela un alma. Sin buenos maestros y maestras, todo lo que se hiciera a favor de la escuela resultaría estéril. Había que formar, independizar, sostener y fortalecer su alma para que se convirtieran en el alma de la escuela... Cuando todo español no sólo sepa leer sino que tenga ansias de leer, de gozar y divertirse, sí, de divertirse leyendo, habrá una nueva España. Para eso la República ha empezado a repartir libros para despertar en muchas conciencias el deseo de aprender y en los maestros el deseo de enseñar con más pasión que nunca... Desde pequeña me inculcaron el amor al trabajo, de disciplina, de exigencia, y esos principios no sólo formaron mi carácter sino que resolvieron una necesidad urgente: la de ganarme la vida. La carrera de maestra a ojos de la sociedad del momento reunía características muy favorables para una mujer: decencia, consideración social, nobleza de miras y otras dos fundamentales, era una carrera corta y barata... Era consciente de que podía llenar mi vida sólo con mi escuela. Yo me decía: "No puede existir dedicación más hermosa que ésta". Compartir con los niños lo que yo sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta las causas de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Yo quería educar para la convivencia, educar para adquirir conciencia de la justicia, educar para la igualdad, para que no se pierda un solo talento por falta de oportunidades... Vuestras hijas y discípulas tendrán, deben tener, bajo la égida de la República un porvenir más esplendoroso que el pasado del que habéis gozado o sufrido vosotras. La niña actual se educará, trabajará, ganará y vivirá más intensamente que vosotras. Es preciso pues prepararla para la vida... Si yo quisiera explicar lo qué es para mi la política, no sabría. Yo creía en la cultura, en la educación, en la justicia. Amaba mi profesión y me entregaba a ella con afán. Todo esto era política. Tenemos el deber de llevar a las escuelas las ideas esenciales en que se apoya la República: libertad, autonomía y solidaridad... Revolución era una palabra que yo veneraba. Revolución significaba cambio profundo, agitación definitiva, volverlo todo del revés. Pero revolución también significa sangre, y era una palabra que ya pertenecía a la historia de otros países".

Estas maravillosas palabras recogidas de textos de Josefina Aldecoa aparecen en la increíble película documental Las maestras de la República galardonada en los últimos premios Goya. Josefina Aldecoa fundó en 1959 en Madrid el colegio Estilo, basándose en la ideas educativas del Krausismo, base ideológica de la Institución Libre de Enseñanza.

“Quería algo muy humanista, dando mucha importancia a la literatura, las letras, el arte; un colegio que fuera muy refinado culturalmente, muy libre y que no se hablara de religión, cosas que entonces eran impensables en la mayor parte de los centros del país”.

La II República defendió la igualdad, y con ella las mujeres obtuvieron la ciudadanía civil y política. La educación fue uno de los pilares de la II República. Maestros y maestras trabajaron por una enseñanza pública, mixta, laica y solidaria. Las maestra republicanas representaban el modelo de mujer moderna, autónoma, independiente y comprometida. Participaron activamente en los espacios políticos, asociaciones y sindicatos. Las maestras republicanas fueron terriblemente represaliadas, porque representaban el modelo opuesto de mujer del nacional-catolicismo. Lo que mejor las define es que fueron una mujeres valientes y comprometidas que participaron en la conquista de los derechos de las mujeres y en la modernización de la educación, basada en los principios de la escuela pública y democrática, con un modelo consistente en llevar a cabo una enseñanza única, basada en el principio de igualdad. Una escuela pública, obligatoria y gratuita capaz de garantizar la desaparición de diferencias entre el alumnado. Este era el objetivo de la República en educación como garante del derecho social de la misma con creación de escuelas que liberaran a España del peso de la ignorancia y de la pobreza que la lastraban.

Fueron mujeres maestras de profesión y vocación que trabajaron a través de la educación para crear una concepción de la vida y del mundo liberada de influencias dogmáticas que pudieran obstaculizar el desarrollo de la conciencia y del pensamiento de los niños y de las niñas para ser ciudadanos libres con sentido crítico. Fueron las transmisoras de las mejores ideas, de los más altos ideales, de valores que dignifican la condición humana de libertad e igualdad. Y gracias a esa profesionalidad y vocación no se dieron nunca por vencidas cuando llegó el horror de la "victoria" y su cruel represión. Fueron inhabilitadas para ejercer las que no sufrieron pena de muerte, pero siguieron luchando y ejerciendo de manera particular o en colegios privados con esos mismos ideales.

Cual magdalena de Proust la visión de este documental me ha hecho volver a mis años de niñez que por arte de ensalmo han vuelto a mi. Fui un niño que empezó de forma tardía el colegio ya que en 1963 contaba seis años, pero allí encontré y pasé, gracias a esas maestras que tuve la suerte de disfrutar, los que quizá fueron algunos de los mejores momentos de mi vida.
Todas ellas, aunque en ese momento no pude darme cuenta pero luego muchas veces he pensado sobre ello, estoy seguro que pertenecieron a familias que fueron formadas en esos tiempos que la película narra, algunas de ellas también e incluso, una de ellas pienso que podría ser por su edad una de esas maestras represaliadas en esos años tan oscuros que vinieron tras la guerra civil.




 Colegio Athenea y su director D. Luis Rubert

Mi colegio era el Athenea, fundado en Madrid a mediados de los años cuarenta. Tenía su sede en un hotelito situado en la esquina entre las calles de Ponzano y Raimundo Fernández Villaverde hacia la Glorieta de Cuatro Caminos y su ideario estaba basado en las ideas post krausistas en cuanto a una educación abierta, científica y literaria, siendo un colegio en su base apolítico y moral. En el principio de su andadura era un colegio mixto, aunque acabaría siendo masculino por orden del Ministerio de Enseñanza. Era un colegio pequeño con unos 300 a 400 alumnos, pero a diferencia de muchos de los colegios de la época, contaba con Laboratorio de Física y Química, laboratorio de Ciencias Naturales, Biblioteca, Aula de música y en sus últimos tiempos lo que llamaríamos actualmente “Aula Audiovisual”. El Colegio, fiel a las ideas post krausistas, era un colegio abierto. Existían infinidad de salidas a museos: el de Ciencias Naturales, bastante cerca del colegio, El Prado, El Museo Sorolla, El Museo Romántico… Las salidas no solo eran dentro de la ciudad de Madrid, había viajes, al menos unos cuatro al año, a ver Toledo, Ávila, Cáceres y Badajoz, La Sierra Madrileña entre otros lugares. La dirección oficial era de Luis Rubert y como tal ejercía en las tareas generales de un colegio, pero la dirección efectiva estaba dividida entre diferentes profesores, que además de sus clases, ejercían el papel de supervisión y dirección de las materias. Y en ese cuerpo docente se encontraban mis queridas maestras.

¿Qué puedo contar de ellas? La señorita Leonor que me enseñó en párvulos a leer y a escribir, mis dos grandes pasiones. La señorita Isabel que con su inigualable forma de enseñar me abrió la mente y el espíritu a este mundo dentro y fuera de las paredes del aula, organizando viajes y excursiones para que viéramos por nuestros propios ojos el milagro de la vida y de la historia. La señorita Mercedes que puso en mi mano un carboncillo, un lápiz, unas acuarelas y unas ceras para enseñarme a plasmar en un papel todos esos milagros que se mostraban a nuestros ojos en unos dibujos que al principio eran simples borrones pero que con el tiempo y su maestría pedagógica llegaron a convertirse en uno de mis más preciados tesoros. La señorita Ontañón que alimentaba nuestra imaginación hasta el infinito con unas historias llenas de magia repletas de piratas, magos, agentes secretos y demás seres fabulosos para nuestras mentes infantiles.

A todas ellas y a otras muchas, que el tiempo ha borrado de mi memoria sus nombres pero nunca lo conseguirá con su imagen y mi sentimiento hacia ellas, mi más profundo homenaje por su dedicación, vocación y cariño hacia esos niños ávidos de aprender en esos años tan negros de los años sesenta y que gracias a ellas, dignas sucesoras de esas maestras de la República, llenaron de luz y color, de libertad y solidaridad, esas mentes infantiles.